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Archivar como 26 marzo 2008

Algo sobre mi.


Manu Alburquerque,  es el nombre artístico que he adoptado hace algún tiempo, después de haber sido durante  años, el cuentacuentos del festival medieval de Alburquerque. En la actualidad me encuentro  desarrollando esta actividad de contar cuentos para público adulto e infantil  a partir de 4 años.

Información más detallada descargando el siguiente .pdf: Dosier informativo abril 2010

Después de  haber realizado cursos de especialización en el arte de la narración oral junto a la experiencia como participante y animador de un evento de recreación histórica como és, el “Festival medieval de Alburquerque”, en el que he estado implicado desde su creación allá por el año 1994, hace que éste contador de cuentos e historias,  porte en el zurrón de numerosas historias tanto para público infantil como para público adulto,  que unas veces son tomadas de otros autores y otras propias, escritas a partir de situaciones vividas o imaginadas.

Actualmente resido en Madrid y esto hace que durante el año desarrolle esta actividad de narrar en esta ciudad y alrededores, en salas, en bares o cafés, bibliotecas, colegios, calles o pueblos donde como siempre digo, me presten sus orejas para escuchar. En verano es fácil verme por las calles de Alburquerque (Badajoz) durante la celebración del festival medieval, narrando  cuentos y románces e incluso improvisando algún festival de cuentos. 

En Madrid,  junto a otros compañeros de cursos de narradores de cuentos, hemos fundado una Asociación Cultural denominada “La Trupé de los cuentacuentos” y desde hace años hemos actuado por diferentes locales y sitios de la capital y pueblos de alrededor.

En este blog, también se pueden encontrar además de sitios interesantes por los que puedes navegar pinchando en la barra de la derecha, artículos interesantes, hechos noticiosos y que puedan ser curiosos, crónicas relacionadas con Alburquerque, enlaces de medios relacionados con este pueblo y muchas más cosas que puedan ir saliendo con el paso del tiempo y que merezcan la pena reseñarlo.

Si quieres contactar con Manu Alburquerque,  para realizar alguna contada, puedes hacerlo en:  

696-649-132     

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Cuentos por encargo:

Las adaptaciones especiales de la historia de como se conocieron los novios para ser contada en un cuento en forma de romance el día de su boda, puede ser un estupendo regalo sorpresa que sin duda sorprenderá a ellos mismos si no son conocedores del regalo así como a todos los invitados.

Este tipo de cuentos también se hacen para regalar por ejemplo el día de su cumpleaños a alguien especial, para lo que eso si, se debe preveer con tiempo pues las composiciones son totalmente personales.

Regalos de bodas, regalos de  cumpleaños para adultos, regalos especiales, cuentos dedicados, todo esto te lo puede ofrecer Manu Alburquerque si te pones en contacto en la dirección electrónica o llamando por teléfono al número indicado donde recibirás información más detallada.

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El joven no respeta la vejez.


El viejo trabajó toda la vida. Cuando se jubiló, compró una hacienda -para que su hijo la administrara-y decidió pasar el resto de sus días en la galería de la casa principal.

El hijo trabajó durante tres años. Entonces comenzó a sentir rabia.

-Mi padre no hace nada -le decía a los amigos. -Se pasa la vida mirando el jardín y deja que yo trabaje como un esclavo para poder alimentarlo.

Un día, decidió acabar con la injusta situación. Construyó una gran caja de madera, fue hasta la galería y dijo:

-Papá, por favor métase ahí.

El padre obedeció. El hijo puso la caja en su camión, y fue hasta el borde de un precipicio. Cuando se preparaba para arrojarla hacia abajo, escuchó la voz del padre:

-Hijo mío, puedes tirarme por el despeñadero, pero guarda la caja. Estás dándole este ejemplo a tus hijos, y con toda seguridad van a necesitar usarla contigo.

Paulo Coelho

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Pobres ovejas


Había una vez una familia de pastores. Tenían todas las ovejas juntas en un solo corral. Las alimentaban, las cuidaban y las paseaban.

De vez en cuando, las ovejas trataban de escapar.

Aparecía entonces el más viejo de los pastores y les decía:

-Ustedes, ovejas inconscientes y soberbias. No saben que afuera el valle está lleno de peligros. Solamente aquí podrán tener agua, alimentos y sobre todo, protección contra los lobos.

En general, esto bastaba para frenar los “aires de libertad” de las ovejas.

Un día nació una oveja diferente, digamos una oveja negra. Tenía espíritu rebelde y animaba a sus compañeras a huir hacia la libertad de la pradera.

Las visitas del viejo pastor para convencer a las ovejas de los peligros exteriores, debieron hacerse cada vez más frecuentes. No obstante, las ovejas estaban inquietas y cada vez que se las sacaba del corral, daba más trabajo reunirlas.

Hasta que una noche, la oveja negra las convenció y huyeron.

Los pastores no notaron nada hasta el amanecer, allí vieron el corral roto y vacío.

Todos junto fueron a llorar a lo del anciano jefe de familia.

-Se han ido, se han ido.

-Pobrecitas…

-¿Y el hambre?

-¿Y la sed?

-¿Y el lobo?

-¿Qué será de ellas sin nosotros?

El anciano tosió, dio una pitada de la pipa y dijo:

-Es verdad, ¿qué será de ellas sin nosotros? Y lo que es casi peor…

…¿Qué será de nosotros sin ellas?!!!

Jorge Bucay

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El lobo y el hombre


Un día el zorro ponderaba al lobo la fuerza del hombre: no había animal que se le resistiera, y todos habían de valerse de la astucia para guardarse de él.

A esto respondió el lobo:

-Como tenga ocasión de encontrarme con el hombre, ¡vaya si arremeteré contra él!.

-Puedo ayudarte a encontrarlo-dijo el zorro-; ven mañana de madrugada y te mostraré uno.

Presentose el lobo temprano, y el zorro lo condujo al camino que todos los días seguía el cazador. Primeramente pasó un soldado licenciado, ya muy viejo.

-¿Es eso un hombre?-preguntó el lobo.

-No- respondió el zorro-, lo ha sido.

Acercose después un muchacho, que iba a la escuela.

-¿Es eso un hombre?

-No, lo será un día.

Finalmente, llegó el cazador, la escopeta de dos cañones al hombro y el cuchillo de monte al cinto.

Dijo el zorro al lobo:

-¿Ves? ¡Eso es un hombre! Tú atácalo si quieres, pero, lo que es yo, voy a ocultarme en la madriguera.

Cargó el lobo contra el hombre.

El cazador al verlo dijo:

-¡Lástima que no lleve la escopeta cargada con balas!

Apuntándole, le disparó una perdigonada en la cara. El lobo arrugó intensamente el hocico, pero, sin asustarse, siguió derecho al adversario, el cual le disparó la segunda carga. Reprimiendo su dolor, el animal se arrojó contra el hombre, y entonces este, desenvainando su reluciente cuchillo de monte, le asestó tres o cuatro cuchilladas, tales que el lobo salió a escape, sangrando y aullando, y fue a encontrar al zorro.

-Bien, hermano lobo-le dijo este-, ¿que tal ha ido con el hombre?

-¡Ay!-respondió el lobo-, ¡Yo no imaginaba así la fuerza del hombre! Primero cogió un palo que llevaba al hombro, sopló en él y me echó algo en la cara que me produjo terrible escozor; luego volvió a soplar en el mismo bastón, y me pareció recibir en el hocico una descarga de rayos y granizos; y cuando ya estaba junto a él, se sacó del cuerpo una brillante costilla, y me produjo con ella tantas heridas, que por poco me quedo muerto sobre el terreno.

-¡Ya estás viendo lo arrogante y mentecato que eres!- dijo el zorro. Echas el hacha tan lejos, que luego no puedes ir a buscarla.

(hermanos Grimm)

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Las princesas delicadas.


Había una vez tres princesas llamadas Susana, Juana y Ana que eran muy altas, guapas y sanas y siempre estaban muy alegres y con ganas de jugar y divertirse. Sus padres, los reyes, estaban muy contentos con sus tres hijas porque nunca se ponían enfermas. Pero de repente un día, sin que nadie pudiese explicar la causa, las tres princesas se hicieron muy delicadas. 
La princesa Susana, la mayor de todas, estaba paseando tranquilamente por el jardín del palacio, cuando unos pétalos de rosas le rozaron ligeramente en la cabeza. La princesa cayó al suelo desmayada con un enorme chichón. Los médicos pudieron curarla de aquel golpe pero la princesa Susana quedó delicada para siempre.
Otro día la segunda princesa, Juana, se despertó con una gran herida en la espalda. Cuando buscaron la causa de la herida descubrieron que había sido producida por una pequeña arruga de las sábanas. Los médicos pudieron curar la herida, pero la princesa Juana quedó delicada para siempre.
Entonces los reyes muy asustados decidieron construir una urna de cristal para meter en ella a la princesa Ana, la más pequeña y hermosa de las tres princesas. En el salón más grande del palacio los ingenieros reales construyeron en pocos días una enorme urna con las paredes y el techo de cristal. Dentro vivía la princesa y no la dejaban salir. Los reyes llegaron a pensar que a su hija pequeña no le iba a pasar nada y que no se haría delicada. 
Pero un día entró en la urna un pequeño mosquito y con el aire producido por el movimiento de sus alas se resfrió la princesa. Los médicos pudieron curar el resfriado pero la princesa Ana quedó delicada para siempre.
Todavía los reyes no se han puesto de acuerdo sobre cuál de sus hijas es la más delicada.

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En Sevilla a un sevillano siete hijas le dió Dios

todas siete fueron hembras y ninguna fué varón.

A la mas chiquita de ellas

le llevó la inclinación

de ir a servir en la guerra vestidita de varón.

Al montar en su caballo

la espada se le cayó;

por decir, maldita sea,

Dijo: maldita sea yo.

El Rey que la estaba oyendo,

de amores se cautivó,

-Madre los ojos de Marcos

son de hembra, no de varón.

-Convídala tu hijo mío,

a los ríos a nadar,

que si ella fuese hembra

no se querrá desnudar.

Toditos los caballeros

se empiezan a desnudar,

y el caballero Don Marcos

se ha retirado a llorar.

Por qué llora Vd. Don Marcos

por que debo de llorar,

por un falso testimonio

que me quieren levantar.

No llores alma querida

no llores mi corazón

que eso que tu tanto sientes,

eso lo deseo yo.

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–Gerineldo, Gerineldo, paje del rey más querido,

quién te tuviera esta noche en mi jardín florecido.

Válgame Dios, Gerineldo, cuerpo que tienes tan lindo.

–Como soy vuestro criado, señora, burláis conmigo.

–No me burlo, Gerineldo, que de veras te lo digo.

–¿Y cuando, señora mía, cumpliréis lo prometido?

–Entre las doce y la una, cuando el rey esté dormido.

Media noche ya es pasada. Gerineldo no ha venido.

“¡Oh, malhaya, Gerineldo, quien amor puso contigo!”

–Abráisme, la mi señora, abráisme, cuerpo garrido.

–¿Quién a mi estancia se atreve, quién llama así a mi postigo?

–No os turbéis, señora mía, que soy vuestro dulce amigo.

Tomáralo por la mano y en el lecho lo ha metido;

entre juegos y deleites la noche se les ha ido,

y allá el amanecer los dos se duermen vencidos.

Despertando había el rey de un sueño despavorido.

“O me roban a la infanta o traicionan el castillo.”

Aprisa llama a su paje pidiendole los vestidos:

“¡Gerineldo, Gerineldo, el mi paje más querido!”

Tres veces le había llamado, ninguna le ha respondido.

Puso la espada en la cinta, adonde la infanta ha ido;

vio a su hija, vio a su paje como mujer y marido.

“¿Mataré yo a Gerineldo, a quién crié desde niño?

Pués si matare a la infanta, mi reino queda perdido.

Pondré mi espada por medio, que me sirva de testigo.”

Y salióse hacia el jardín sin ser de nadie sentido.

Rebullíase la infanta tres horas ya el sol salido;

con el frior de la espada la dama se ha estremecido.

–Levántate, Gerineldo, levántate, dueño mío,

la espada del rey mi padre entre los dos ha dormido.

–¿Y adónde iré mi señora, que del rey no sea visto?

–Vete por ese jardín cogiendo rosas y lirios;

pesares que te vinieren yo los partiré contigo.

–¿Donde vienes, Gerineldo, tan mustio y descolorido?

–Vengo del jardín, buen rey, por ver como ha florecido;

la fragancia de una rosa la color me ha devaído.

–De esa rosa que has cortado mi espada será testigo.

–Matadme, señor, matadme, bien lo tengo merecido.

Ellos en estas razones, la infanta a su padre vino;

–Rey y señor, no le mates, mas dámelo por marido.

O si lo quieres matar la muerte será conmigo.

(anónimo)

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Romance de los Infantes de Aragón


Alburquerque, Alburquerque

bien mereces ser honrado,

en ti están los tres infantes

hijos del rey Don Fernando.

Destérrelos de mis reinos

destérrelos por un año;

Alburquerque era muy fuerte

con él se me habían alzado.

Oh Don Alvaro de Luna,

cuán mal me habeis burlado.

Dixisteme que Alburquerque

está puesto en un llano,

véole yo cavas hondas

y de torres bien cercado,

dentro mucha artillería,

gente de pie y de caballo

y en aquella torre mocha

 tres pendones han alzado;

el uno por don Enrique,

otro por don Juan su hermano,

el otro era por don Pedro,

Infante desheredado,

Álcese luego el Real

que excusado era era tomallo.

(romance del cancionero musical siglos XV y XVI, completado por Menéndez Pelayo con un manuscrito de la Biblioteca Nacional de Madrid)

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Los tres perezosos


Érase una vez un padre que tenía tres hijos muy perezosos. Se puso enfermo y mandó llamar al notario para hacer testamento:
- Señor notario -le dijo- lo único que tengo es un burro y quisiera que fuera para el más perezoso de mis hijos.
Al poco tiempo el hombre murió y el notario viendo que pasaban los días sin que ninguno de los hijos le preguntara por el testamento, los mandó llamar para decirles:
- Sabéis que vuestro padre hizo testamento poco antes de morir. ¿Es que no tenéis ninguna curiosidad por saber lo que os ha dejado? 
El notario leyó el testamento y a continuación les explicó:
- Ahora tengo que saber cual de los tres es el más perezoso.
Y dirigiéndose al hermano mayor le dijo:
- Empieza tú a darme pruebas de tu pereza.
- Yo, -contestó el mayor- no tengo ganas de contar nada. 
- ¡Habla y rápido! si no quieres que te meta en la cárcel.
- Una vez -explicó el mayor- se me metió una brasa ardiendo dentro del zapato y aunque me estaba quemando me dio mucha pereza moverme, menos mal que unos amigos se dieron cuenta y la apagaron. 
- Sí que eres perezoso -dijo el notario- yo habría dejado que te quemaras para saber cuánto tiempo aguantabas la brasa dentro del zapato.
A continuación se volvió al segundo hermano:
- Es tu turno cuéntanos algo.
- ¿A mí también me meterá en la cárcel si no hablo?
- Puedes estar seguro. 
- Una vez me caí al mar y, aunque sé nadar, me entró tal pereza que no tenía ganas de mover los brazos ni las piernas. Menos mal que un barco de pescadores me recogió cuando ya estaba a punto de ahogarme.
- Otro perezoso -dijo el notario- yo te habría dejado en el agua hasta que hubieras hecho algún esfuerzo para salvarte.
Por último se dirigió al más pequeño de los tres hermanos:
- Te toca hablar, a ver qué pruebas nos das de tu pereza.
- Señor notario, a mí lléveme a la cárcel y quédese con el burro porque yo no tengo ninguna gana de hablar.
Y exclamó el notario:
- Para tí es el burro porque no hay duda que tú eres el más perezoso de los tres.

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