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Archivar como 31 enero 2009

La posá del navajero (cap. 8)


Largos y cálidos veranos

Con los amigos de Madrid en el patio del colegio

Volver a Madrid después de aquellas navidades de 1971, supuso otra vez la despedida de mis amigos, mi familia que estaba en Alburquerque y el retorno otra vez al colegio para continuar el curso. A la vuelta me encontré en circunstancias “difíciles” con otros niños que a la postre iban a ser mis grandes amigos de Madrid. Habían llegado al colegio por primera vez, pasadas las vacaciones y su forma de acercamiento no fue otra que la de meterse conmigo por aquello de que yo, aunque de su misma edad, era bastante más grande que ellos, vamos que estaba bien alimentado. El ritual se repetía por la noche al salir del comedor me esperaban a la puerta y otra vez a correr detrás de ellos con unas enormes ganas de engancharles y casi cuando los tenía al alcance, de repente se dirigían al interior de la capilla del colegio y claro, como este era un lugar sagrado, allí no podía hacerles nada, así que yo a esperar pacientemente a la puerta de la misma hasta que al final se me iba bajando el enfado y por aburrimiento levantaba el “asedio”. ¿Quién lo iba a decir?, mis amigos estaban siendo precursores de los muchos encierros en las iglesias que posteriormente se pondrían de moda en aquellos convulsos años del final del franquismo y comienzos de la transición. Con el tiempo como ya digo, aquellos “encerrados” se iban a convertir en mis mejores amigos. Torres, Cuchi, Campanario y el “Wafri” serían mis inseparables compañeros de clase, de comedor, de dormitorios y en definitiva de una gran parte de mi vida y que curiosamente nunca sus vidas se cruzaron con la de  mis inseparables amigos del pueblo. Fueron siempre dos mundos que se iban alternando cada año según tocaba, curso escolar o vacaciones.

"El bueno, el feo y el malo", la chica de la peli y el siempre fiel y guardián "King"Tendrían que pasar otros tres meses para que llegaran las vacaciones de Semana Santa que eran fugaces y otros tres para que llegara el verano y entonces volver a Alburquerque para una gran temporada en la que daría tiempo a toda clase de aventuras acompañados siempre del King que formaba parte ya del grupo. Aquellos días de verano comenzaban como siempre en el corral con algún nuevo invento de José Antonio, alguna que otra escaramuza de pistoleros en las que emulábamos a “El virginiano”, “Trampas” o “Bonanza” con nuestras armas que ahora que lo pienso, no tenían mucho que ver unas con otras pero que en nuestra imaginación, estaban todas integradas en la misma película. Jose tenía un rifle con mira telescópica que podía ser de cazador africano, Rafalino tenía una metralleta con dos cañones que se movían hacia delante y hacia atrás dándole a una manivela que tenía en un costado, otro podía tener un rifle que era un palo de una escoba y luego estaba el perro que era una réplica de “Rintintin” pero en rubio claro, porque el famoso perro televisivo de aquella época era un pastor alemán. Pero con todo eso nosotros éramos los pistoleros más famosos del corral y la azotea que era la parte superior y estuvo mucho tiempo medio derruida hasta que Andrés reformó la posá, era el sitio fuerte del mismo. La fotografía que inserto en este apartado, lo dice todo, “el bueno, el feo y el malo”, la chica de la peli y el perro fiel y guardián.

La hora de comer era como el intermedio de aquella película que nosotros llevábamos a cabo cada día, como un tiempo muerto de un partido de baloncesto en el que cada uno volvíamos al encuentro de nuestra familia y de paso nos refrescábamos un poco de aquellos calores de verano. Después de la comida la obligada siesta que se acompañaba casi siempre de un sonar de cacharros de loza aderezado por alguna sintonía de las radionovelas de entonces que a mi tía Nico le encantaban. Títulos como “Simplemente María” o “Lucecita” de la que aún recuerdo su musiquilla y que literalmente nosotros reproduciríamos como “ninonino, ninonino, ninonino, ninonó…” pero que aun en con el paso de los años sigue ahí incrustada en mi mente para los restos. Después venía el famoso consultorio de Elena Francis.

Con el calor del verano empezaba a rondar por nuestras mentes la idea de ir a darnos un baño en la rivera de Carrión. No había piscina entonces en el pueblo y el único sitio en el que poder refrescarnos era el río que estaba a unos siete kilómetros de distancia. Además lo habíamos conocido como todos antes conocíamos el río, durante nuestra estancia en la romería de la Virgen de Carrión. Ese día que cae en 7 de septiembre, año tras año se repetiría un ritual que iba a durar hasta ya entrada la adolescencia en que los chicos ya no queríamos ir a los sitios con los mayores. Recuerdo que al caer la tarde, un gran bullicio de gente se congregaba en el andén para tomar los autobuses que ese día ponía de servicio la empresa “Aníbal” para llevar a la mayoría de la gente a la ermita. No había tantos vehículos particulares entonces y una gran parte de la población que ese día se desplazaba en masa hasta la ermita, lo hacía en los numerosos servicios que esta empresa realizaba tanto a la ida como a la vuelta. Ese día cuando llegábamos al lugar santo, lo primero que hacíamos era visitar a la Virgen y después nos dispersábamos por los alrededores puesto que las vaquillas ya habían pasado y el recinto de la ermita se encontraba lleno a rebosar. Hay algo que perdura en mi memoria y es el famoso “tuc” “tuc” “tuc” del motor que proporcionaba luz a la ermita que estuvo en servicio hasta que se puso la luz eléctrica en ermita. Uno de los principales atractivos era ir al río y con los pantalones remangados los más mayores y con pantalones cortos los más pequeños,  meter los pies en el agua. Era como una especie de ritual que siempre se repetía eso sí, con la atenta vigilancia de nuestros mayores, porque el río entrañaba un extraño peligro que nos atemorizaba desde pequeños. Existían en ese lugar sitios tan tenebrosos como “el charco de la virgen”, “el charco de la zorra” y otros más que según nos contaban, estaban poblados de pizarras que te aprisionaban los pies, remolinos que te podían engullir y todo tipo de posibilidades de ahogamiento posibles, lo cual nos hacía mirar al río con una mezcla de miedo y desconfianza. Siempre se nos mentaba que en él, habían dejado sus vidas, Emilio el hijo del que luego fue nuestro vecino Lorenzo Pereira, Fausti, el hijo de la señá Antonia la de la tienda y otros más que no nos eran tan cercanos por vecindad.

José Antonio, Manolo, Japaca y Rafalino bañándose en la junta

Pero con el paso del tiempo, ese miedo se tornaba también en una especie de atractivo que te provoca lo prohibido, lo incorrecto, lo peligroso y en definitiva el gusano ese interior que llevan los seres humanos que hacen que se afronten retos que uno mismo sabe que le va la vida en ello. Por lo que la idea de Carrión, ese río lejano y provocador, rondaba nuestras mentes cada vez con más insistencia.  Por aquellos tiempos, los padres de “la japaca” y Juanitín, ya estaban viviendo en el campo, dado que Juan trabajaba ya en ese tiempo para Cabanillas que era el dueño de la finca. Muchas tardes mientras jugábamos en el corral, se oía venir la vespa de Juan por la calle Carrión y entraba directamente en el corral por la puerta falsa que casi siempre se encontraba abierta. A veces traía a Juanitín de pie sobre la plataforma de la vespa que era muy corriente por aquel tiempo en el que si alguien llevaba a un niño a dar una vuelta en vespa, lo hiciera de pie delante del conductor de la motocicleta y de pie agarrado al manillar. Alguna vez venía con una furgoneta “Alfa-Romeo” que también tuvo y nos llevaba a todos a bañarnos al río, concretamente a “la junta” que era la parte del río que quedaba más cerca de la casa de Juan y Rafaela en el campo. Era toda una aventura bañarnos en aquel “peligroso río” con nuestros flotadores hechos con cámaras de coche o de tractor que eran las mejores y en la que nos montábamos todos en tropel hasta casi hundirla y por supuesto a la vez que nos bañábamos todos, lo hacían también los perros tanto el “King” como los que tenía la familia de “Japaca” en el campo.

Tardaría aún unos años el poder frecuentar el río con asiduidad y la normalidad con la que posteriormente haríamos uso de él durante los veranos, al ser el sitio donde antes nos bañábamos los alburquerqueños pues la piscina tardaría años en llegar y  Carrión al caer la tarde era todo un hervidero de gente procedente del pueblo y de otros lugares, así como de los ya residentes en los numerosos chales que proliferaron en el lugar.

Aquellos veranos en Alburquerque eran largos y cálidos como los de una famosa película, tanto así que cuando uno se hace mayor y empieza con estas cosas del trabajo y las obligaciones, es cuando los echa de menos y para entonces, ya no hay remedio, la rueda gira sin parar. Estas pequeñas historias, son algunas de tantas y tantas que ocurrían a lo largo de aquellos veranos y en otro momento os seguiré contando…

 

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Doña María de Padilla,

no os me mostredes triste, no

que si me casé dos veces,

hícelo por vuestro amor,

y por hacer menosprecio

a doña Blanca de Borbón.

Envió luego a Sidonia

que me labren un pendón,

será de color de sangre,

de lágrimas su labor;

tal pendón, doña María,

se hace por  vuestro amor.

Fue a llamar a Alonso Ortiz,

que es un honrado varón,

para que fuese a Medina

a dar fin a la labor.

Respondiera Alonso Ortiz:

-Eso, señor, no haré yo,

que quien mata a su señor

es aleve a su señor.

El rey no le dijo nada,

en su cámara entró

enviara dos maceros,

los cuales él escogió.

Estos fueron a la reina,

halláronla en oración.

La reina como los vido

casi muerta se calló.

mas después en si tornada,

con esfuerzo le habló:

-Ya sé a qué venis, amigos,

que mi alma lo sintió;

y pues lo que está ordenado

no se puede excusar, no.

Di, Castilla, ¿qué te hice?

No por cierto, no traición.

¡Oh Francia mi dulce tierra!

¡Oh mi casa de Borbón!

Hoy cumplo dieciséis años

en los cuales muero yo;

el rey no me ha conocido,

con las vírgenes me voy.

Doña María de Padilla,

esto te perdono yo;

por quitarte de cuidado

lo hace el rey mi señor.

Los maceros le dan priesa,

ella pide confesión:

perdónalos a ellos,

y puesta en contemplación

danle golpes con las mazas:

así la triste murió. 

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Había una vez un leñador muy viejo y su hijo, que vivían en lo más profundo del bosque, cercano al castillo de un rey orgulloso y pendenciero, quien era muy temido por su crueldad. Su castillo era el mayor y sus bodegas estaban llenas de joyas y objetos de oro, cortinajes de seda adornaban sus cámaras y en sus patios piafaban briosos corceles.

Sucedió una madrugada que el hijo del leñador, un joven muy apuesto deseó salir a buscar fortuna. Para hacerlo debía pasar por los campos del castillo, ya que el reino tenía en esa parte un gran río y una montaña que impedía el paso por otro lugar.

Juan, el hijo del leñador, se despidió de su anciano padre, que le esperaría junto de la cabaña de troncos, como siempre, erguido y alto como un roble, pues era fuerte aún. El joven partió, seguro de sí mismo, con una bolsa con ropa y algunos alimentos. Así caminó durante siete días, durmiendo siete veces al amparo de los árboles. Al octavo día salió fuera del bosque y miró, al fin, el gran río, la montaña y los verdes campos del rey Falten, cuyo castillo dorado y negro, allá arriba de la alta montaña gris, dominaba la comarca. Al medio día se topó con unos labradores que venían de sembrar, camino de unas lejanas casas, y les iba a saludar, cuando uno de ellos le divisó, alertando a sus compañeros. Estos le quedaron mirando y luego comenzaron a bajar a por él.

Juan continuó su camino silbando, pero interrumpió su canción al ver una formación de guerreros armados, en alto sus lanzas y pendones. Frente a ellos iba el rey Falten, enhiesto y orgulloso sobre su montura, portando una gruesa espada, cuya empuñadura arrojaba bellos reflejos al caer sobre las joyas los rayos del sol. El rey y sus caballeros llegaron ante el joven, y el rey miró con ojos malignos al leñador, diciendo:” ¿De adónde venís que ignoráis que ante mí os debéis postrar? “Juan se inclinó, sacándose el gorro que llevaba puesto, y contestó: ” Vengo de las profundidades del bosque Azul, en donde vivo con mi padre el leñador. He salido a conquistar fortuna, para dar a mi anciano padre una vejez tranquila.”

La comitiva del rey expresó su asombro con murmullos de roncas voces. El Rey, con voz de trueno, bramó:” ¿Entonces eres Juan, el hijo del antiguo rey de esta comarca? ¡Soldados: prendedle y llevadle de inmediato al calabozo de la torre Oscura!”

El joven, quien no esperaba tal reacción del rey, no puso resistencia pues estaba desarmado. Encadenado sobre un caballo le llevaron hasta el castillo. Como era la hora del almuerzo, pocos le vieron llegar entre la escolta de soldados. Le llevaron a la Torre Oscura, la más alta de todas, en la que moraba el rey Falten. Sólo que a Juan le condujeron a las mazmorras del subsuelo. En un calabozo húmedo y estrecho le arrojaron, excavado en la roca de la montaña, con una única puerta metálica, que tenía una ventana estrecha, por la que entraba la rojiza luz de una antorcha cercana. Una grieta en la roca dejaba pasar un hilillo de agua que escurría por el muro y se perdía en el piso, en otra hendidura.

El joven, adolorido al caer, ya que los carceleros le habían empujado y había caído al suelo, se sentó en el frío piso de piedra. Miró su habitación y se dijo que nunca debería haber salido del bosque Azul, y que su padre debería haberle dicho que eran de sangre real. Así habría estado prevenido. En un rincón algo de paja hacía las veces de jergón, en donde se acostó de espaldas. Percibió un sonido muy apagado, que se repitió a los cinco minutos. Era un sonido cristalino… aloha Buscó en los muros, y sintió que venía de la hendidura por la que manaba el agua. En ese momento se abrió la puerta, y un carcelero le dejó una escudilla con alimento y una cuchara.

Comió de la pasta que le habían llevado, que tenía un olor rancio. Luego, con la cuchara, comenzó a raspar la hendidura en la muralla, tratando de agrandar el boquete. Cuando el hoyo estaba ya de un palmo de ancho, un trozo cedió, y saltó un chorro de agua al interior del calabozo. El agua daba contra el muro de enfrene, escurriéndose hacia el suelo ruidosamente. Como la celda era hermética, pronto el agua le llegaba a la cintura. Comenzaba a pensar en aporrear la puerta, para no ahogarse, cuando un objeto brotó desde el boquete, dando un sonido metálico al golpear el muro contrario. Era una botella, visible pálidamente gracias a la luz de la antorcha del pasillo, que entraba dificultosamente por la mirilla de la puerta.

Tenía un tapón sellado con lacre, y un signo estampado allí. Lo retiró el joven y sacó el tapón. Un humo acre se expandió por la celda, entibiando el ambiente. Cuando se disipó, vio a un duende, parado sobre el agua. Usaba ropa verde, y le miraba, con una cara de barba en punta y ojos chispeantes.

“¡Me has liberado!”- Dijo el ser, con voz ronca y extraña.

- ¡Un duende! – Exclamó el joven, sintiendo el agua a medio pecho; vio que el agua ya salía al pasillo, usando la ventanilla como vertedero. – ” Estuve allí mucho tiempo” Pagada está la apuesta por la que fui encerrado; pero te debo dos deseos, antes de poder partir. Hazlos ya.”- Conminó el duende, tocando ya su gorra el piso de piedra, ya que el agua seguía acumulándose rápidamente.

- ¡Deseo verme fuera del castillo ahora mismo! – No alcanzó a esperar un segundo, cuando ya estaba, de pie y con el frasco en la mano, justo fuera del castillo, sobre el puente levadizo. El rey Falten venía saliendo a caballo…

De un ágil salto, se puso tras unas piedras, tratando de pasar desapercibido. Ya cuando parecía haberlo logrado, el rey le miró. Rápidamente, Juan salió corriendo hacia el interior, puesto que los guardias se habían alertado, y con los corceles le habrían dado caza en segundos, de haber elegido la calle para correr. Vio la entrad a a una torre, y se zambulló por la entrada, hallando una escalera interior, que subía hacia los pisos altos, sin soltar la dichosa botella, aunque del duende no se veían trazas. Entró a cualquier sala corriendo por sobre los tapices de rico diseño, y traspasando dinteles de ricos cortinajes. Tras un biombo se ocultó, acezando. En la misma sala estaba una joven doncella, preocupada tejiendo en un bastidor, que volteó la vista, y le divisó, dando un grito y soltando la prenda.

- ” ¡No os asustéis, bella dama! ¡Me persiguen por ser el príncipe del antiguo Rey! ¡Imploro a vos me ocultéis hasta que pase el peligro!”- Pidió Juan.

Ella, encantada y prendada de ese joven tan apuesto y gentil, respondió de inmediato:” ¿Cómo os llamáis?” El le dio su nombre, a lo que ella dijo:”- Yo soy Flor de Sol, la hija del rey Falten”

Al oír esto el joven, retrocedió, alarmado. Ella dio algunos pasos, y le tomó del brazo, susurrando:” ¡No temáis! Conozco lo cruel que es mi padre y os ayudaré a no caer en sus manos. ¡Confiad en mí!”

La bella doncella le hizo pasar hasta un gran armario, en donde tenía sus vestidos. Apenas se hubo encerrado allí Juan, entró el Rey Falten a la habitación, preguntando:” ¿Has visto a un hombre con trazas de leñador pasar por aquí?” Como la princesa le respondiese que no, el Rey siguió diciendo:” ¡Se ha escondido en esta torre! Pero ya le encontraremos: ¡he subido el puente levadizo y no podrá salir del castillo!”

Riendo como el rey cruel que era, salió de la habitación de la bella joven con su espada en la mano. Flor de Sol corrió hasta el enjoyado armario y abrió una de sus puertas, para que saliera Juan. Juan se arregló la chaqueta, estirando su cuerpo, tras haber estado entre los vestidos de la joven. La princesa, mirándole arrobada, le dijo:” ¡Juan, tú también puedes ayudarme a mí . El príncipe Oef, del reino vecino, se casará conmigo dentro de tres días, y yo no lo quiero, pues es malo y cruel como mi padre. ¿Me ayudarás a escapar?” Juan se pasó la mano por la barbilla, pensando. De repente, dio una palmada en su frente, y sacando la botella, que llevaba en el bolsillo de su chaqueta, le habló:” ¡Duende! ¡Tú me ayudarás: quiero un reino más grande que éste, con un gran castillo, vecino al del príncipe Oef, y que fuera de esta torre me espere un caballo enjaezado!”

Dicho lo cual, volvió a sacar el tapón con los sellos, arrojándolo lejos.

El duende volvió a aparecer, pero viniendo desde un rincón de la sala, y dijo:” ¡Tus dos deseos son cumplidos, Juan!”

Dicho lo cual se fue caminando por la puerta de la habitación, hacia la tierra de los duendes. La joven princesa miró por la ventana hacia el patio del castillo, viendo un caballo con hermosa montura, atado a un poste que nunca antes vio por allí. Juan bajó con ella de la mano, tapado el rostro con un manto. Subieron sin contratiempos sobre el corcel, con el cual galoparon hacia el levantado puente levadizo, al cual se le rompieron las cadenas por ensalmo y cayó al suelo, sirviendo para que los jóvenes traspusieran el foso, pasando por entre los aterrados guardias de la puerta.

Tan rápido era el galope del corcel, que en contados minutos estuvieron en el castillo de Juan. Allí, una partida de caballeros armados les esperaba, para darles escolta. Dejando en una decorada sala a la princesa Flor de Sol, Juan arengó a sus flamantes guerreros, y regresó al castillo del rey Falten, el cual intentó resistir dentro de su torre mayor, pero fue derrotado prontamente, por lo cual se lanzó desde la más alta ventana al vacío, descomponiéndose al dar en los adoquines del patio.

Regresaron Juan y sus valientes al castillo encantado, hallando a la princesa esperando a la entrada del mismo.

- ¡Tu padre ha sufrido un accidente! ¡Nadie le empujó, lo juro!”- Se defendió Juan, descabalgando.

La princesa sonrió, diciendo: “¡Os creo, mi héroe!”

Y del brazo entraron a la torre mayor, en donde vivieron muy felices para siempre.

FIN

Alfredo Francisco Humberto Juillet Frascara (Chile)

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Ladera sur de la sierra que da a la carretera de Badajoz

A lo largo de las veces que he explorado el administrador del blog, he observado como hay muchas llegadas por los buscadores a través de la palabra Alburquerque, es decir, buscando información sobre Alburquerque. Como mi pueblo que es, obviamente informo sobre cosas y hechos que me relacionan con él. Tengo una amplia galería de imágenes propias como tomadas de otras fuentes que estan a total disposición del lector de este blog. También existe un artículo sobre los comienzos del “Festival Medieval Villa de Alburquerque” y mi participación en el mismo, existen también enlaces relacionados con webs que disponen información sobre el pueblo que unas veces funcionan y otras no, pero eso ya es otro tema. El caso es que yo, desde este medio quiero dar esta información sobre mi pueblo a todo aquel o aquella que entre en esta página buscando datos sobre esta villa, que como digo es mi lugar de nacimiento y quiero darla de una manera coloquial, como se lo cuento yo a cualquier amigo/a que me pregunta sobre mi pueblo cuando ve alguna de las fotos o poster que tengo siempre visible en casa o en el lugar de trabajo.

Castillo de LunaAlburquerque es una población situada al noroeste de la provincia de Badajoz, justo en el pico ese de la provincia que esta entre Cáceres y Portugal. A 44 kilómetros de la capital, tiene una población que se aproxima a los 6.000 habitantes. Se encuentra ubicado en las estribaciones de la sierra de San Pedro a 430 metros sobre el nivel del mar, es decir,  unos 240 metros más elevado que la capital, Badajoz, que es lo que hace que las temperaturas tanto en verano como en invierno sean mas “fresquitas” que en la capi.

Sobre como llegar a Alburquerque, pues depende de donde vengas, pero si llegas desde el sur, lo harás por Badajoz. Si vienes del centro, es decir, pasando por Madrid, pues por ahora y hasta que terminen la nueva autovía entre Cáceres y Trujillo, la forma más rápida es haciéndolo por la A-5 hasta pasar Navalmoral y tomar la autovía regional EX-01 con dirección a Plasencia, hasta enlazar con la A-66 (Gijón-Sevilla) y llegados a este punto girar a la izquierda con dirección Cáceres. Una vez llegados a la altura de Cáceres, se toma la salida (Cáceres centro-Valencia de Alcántara-Portugal) girando en la rotonda hacia la derecha con sentido Valencia de Alcántara-Portugal hasta llegar a la población de Aliseda donde se gira hacia la izquierda con sentido Alburquerque (44 kms.). Si vienes desde el norte, pues ya es fácil por la A-66 hasta llegar a Cáceres y luego a la derecha. Todo esto claro, en coche particular porque lo del transporte público ya es otra cosa pero aun así te describiré algunas formas de llegar en tren o autobús. Puedes venir desde Madrid en Auto-Res bien hasta Cáceres si tienes a alguien que te vaya a buscar o si no, hasta Badajoz donde puedes enlazar con el autobús de línea (empresa Damas) que te lleva de Badajoz a Alburquerque. Tienes que tener en cuenta que el último servicio es aproximadamente a eso de las 18’00 horas, con lo cual todo viaje que no te lleve a destino antes de esa hora no te vale a no ser que quieras tomar un taxi o que alguien te vaya a buscar. El domingo no hay servicio de autobús entre Alburquerque y Badajoz. En tren es lo mismo solo que con menos servicios por lo que es el medio menos aconsejable. 

El castillo de Luna por su cara norte y después de mediodia.

Al llegar a Alburquerque lo primero que te sorprenderá desde cualquier sitio que vayas, es la silueta del castillo de Luna. Este es el principal monumento de Alburquerque y en torno a él, ha girado siempre la historia de esta villa. Construido sobre un roquedo de la cordillera de pequeñas sierras que discurren de oeste a este hasta llegar a la sierra de San Pedro, el pueblo se asienta mayormente en la cara norte de la misma ya que no es tan escarpada como la ladera sur y por eso la población extramuros se fue asentando hacia el norte. La población  estuvo guarnecida en tiempos por una muralla que rodeaba toda la parte antigua conocida como villa adentro. Hoy en día se conserva parte de la misma pero habiéndose perdido en su mayoría por la construcción de casas adosadas a la misma. Se conservan dos puertas de entrada a la misma que son las de Belén o  de la villa, situada al este de la muralla y la de Valencia situada al oeste. De puerta a puerta como principal calle de la villa adentro, discurre la conocida como calle derecha, pero que cuando vayas y la veas comprenderás el porqué de esta denominación. Esta es atravesada perpendicularmente por otra serie de calles estrechas que van de norte a sur y todas suben hacia el castillo. Las construcciones son principalmente casas de una o dos alturas con tejados a un agua y algunas de ellas han sido rehabilitadas con iniciativas particulares con ayudas públicas así como diferentes escuelas taller han ido cambiando las puertas metálicas que en los años setenta invadieron la mayoría de las calles del pueblo por otras de madera y sus marcos muchos de ellos ojivales de piedra que en su día fueron cubiertos por la “modernidad” y blanqueados, hoy han sido descubiertos de nuevo dando al entorno el verdadero empaque que tuvo en su día.

La puerta de la villa o de Belen vista desde la calle derecha.

 El resto de la población esta mayormente poblada por casas blancas que son blanqueadas anualmente allá por el mes de junio, cuando llega el buen tiempo. Hay numerosas casas-palacio y muchas de ellas aun conservan hoy en día los escudos heráldicos pertenecientes a las familias que las poseyeron.

De todas maneras, si visitas mi pueblo alguna vez, puedes pasarte al llegar a la plaza, por la oficina de turismo que se encuentra justo debajo del kiosko de la música y allí puedes obtener la información que precises tanto del pueblo como de los alrededores que también merecen la pena visitar.

Hoy en día las visitas al castillo están suspendidas ya que se encuentra en obras por la construcción de una hospedería de la Junta de Extremadura en su interior, por lo que solo podrás visitar sus inmediaciones como las murallas o la villa adentro y en la que puedes aprovechar para visitar la iglesia de Santa María del mercado (S. XV) y cuyo interior merece visitarlo. Puede ser que cuando vayas, esta se encuentre cerrada pero pregunta en la oficina de turismo sobre como visitarla.

Vista aerea del castillo de Azagala en las inmediaciones del pantano.

En el termino municipal de Alburquerque se encuentra también otro castillo, el de Azagala, que es de propiedad privada. Este se halla en un paraje próximo al pantano de la peña del águila o también conocido como de Villar del Rey y presenta un estado de conservación deficiente, estando habitualmente cerrado por lo que es de dificil visita, pero solamente el observar los paisajes de la zona donde está ubicado, merece la pena hacer una excursión y si esta es en bicicleta de montaña mejor que mejor. Se encuentra en la zona de la dehesa boyal del pueblo y existe en ella un alojamiento rural que es el “Cortijo los Cantos” que cuenta con unas buenas instalaciones y un entorno envidiable para pasar allí unos días sobre todo si es por primavera. 

Muy próximo a Alburquerque (10 kms.), se encuentra también otro castillo que es el de Piedrabuena, también de propiedad privada y se encuentra en buen estado de conservación siendo posible su visita siempre previa petición de hora por medio de la oficina de turismo de Alburquerque. Se encuentra también enclavado en la dehesa al norte de la población por la carretera que lleva a Herreruela y Brozas en término municipal de San Vicente de Alcántara.

El castillo de Piedrabuena esta en pleno corazon de la dehesaLa mejor época del año para visitar Alburquerque y su comarca es sin duda la primavera y disponiendo de buena información puedes disfrutar de rutas de senderismo que puedes hacer a pie o en bicicleta de montaña. En los pueblos de alrededor tienes también sitios pintorescos que visitar si haces tu base de movimientos esta población. Alburquerque cuenta con establecimientos hosteleros para dormir y varios restaurantes en los que degustar la gastronomía de la zona y donde sin  duda siempre encontrarás un amplio surtido de productos ibéricos de primera calidad.

A unos 7 kms. con dirección a La Codosera encontrarás el Santuario de Ntra. Sra. de Carrión, patrona de Alburquerque. Se encuentra ubicado a la orilla del río Gévora y su fiesta se celebra el día 7 de septiembre, dando de este modo comienzo a la feria que a partir del día 8 pasa a celebrarse en la población. Además de esta, Alburquerque celebra otra feria más allá por el mes de mayo, en torno al día 21 y que es la del ganado y en este aspecto se ha vuelto a recuperar en cierto modo la antigua tradición del rodeo y en el poligono industrial se ha construido unas instalaciones permanentes para la celebración de la feria de ganado.

Santuario de Ntra. Sra. de Carrion, patrona de Alburquerque Puedes encontrar también otros motivos para visitar mi pueblo con ocasión de alguno de los eventos que se celebran en el mismo, ya que son varios a lo largo del año y alguno de ellos tienen repercusión a nivel internacional. Entre ellos puedes encontrar el festival de música independiente “Contempopranea” que se celebra siempre a finales de Julio del que se llevan ya celebradas 13 ediciones y que congrega en el pueblo a más de cuatro mil jóvenes procedentes de todos los puntos del país y de fuera del mismo. Durante el mes de Agosto se viene celebrando desde hace quince años el “Festival Medieval Villa de Alburquerque” y en el que llevo participando practicamente desde su creación allá por el año 1994.  En el aspecto deportivo desde hace tres años el Patronato Municipal de Deportes organiza también una “media maratón” que se ha hecho muy popular en poco tiempo debido al atractivo y dureza del recorrido por lo que si eres deportista esta puede ser una buena  ocasión para visitar el pueblo.

En fin, que hay toda una serie de eventos y motivos por los que algún día estimado lector o lectora de este blog puedas acabar visitando Alburquerque y si para ello la información que yo te puedo brindar te puede ser util, mejor que mejor, pues para eso te la escribo, no ahondando en la historia pues para eso estan ya los historiadores y que sin duda y simplemente poniendo el nombre de esta villa en cualquier buscador, obtendrás numerosas webs que te cuentan la historia de Alburquerque, pero de todas maneras en cuanto encuentre una que disponga de mayor información la pondré a disposición vuestra. Espero que os guste.

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