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Archivar como 19 octubre 2009


De Tarzán a la Luna

Aquellos años primeros de mis contactos con Alburquerque, aparte de haber nacido allí, son imágenes que consigo recordar vagamente y posiblemente se entremezclen en le tiempo, ya que entonces vivía en Las Huertas de Valencia de Alcantara y de vez en cuando pasaba temporadas con mis tías antes de venir a vivir definitivamente al pueblo, pero ya desde entonces tuve contacto con la Posá del navajero y su entorno.

Antiguo puesto aduanero de Puerto Roque poco tiempo después de ser inaugurado.

Hay que decir que alrededor de la posá del navajero, existía un pequeño mundo que era el nuestro. La plazuela de San Mateo formaba parte también del entorno de la posá, era como una extensión de la misma. La puerta de la posá estaba siempre abierta, como muchas casas antes en el pueblo y nosotros entrábamos y salíamos de la misma con facilidad y tan pronto estábamos en el corral o en la puerta y plazuela. Me acuerdo perfectamente de la entrada, con el zaguán, con su correspondiente pozo de canal debajo de la escalera, luego seguías por un pasillo abovedado en forma de “L” y ancho que daba acceso al salón de principal por el que se accedía directamente al corral y un poco más adelante otra estancia a la que se accedía por un arco y la cocina donde se encontraba casi siempre el señó Manuel “el mama”, removiendo las áscuas de la lumbre con su vara y la colilla en los labios. El corral de la posá estaba a su vez poblado de todo tipo de animales, pollos, gallinas, perros, gatos, cerdos en sus cochiqueras y entre otros unos gansos a los que les teníamos un respeto tremendo porque no era raro el día que intentaban picarte.

 El corral tenía sus cuadras entrando a la derecha y también por allí se accedía a la azotea que estaba medio en ruínas y los pajares que eran justo lo que hoy es la parte trasera del taller de Felipe Gamero, hoy en día regentado por sus hijos. En la azotea era donde pasabamos gran parte del tiempo que nosotros estábamos en el corral, desde allí se divisaba la carretera de Badajoz y los conejeros, la sierra de Santa Lucía, y la calle de Carrión.

José Antonio, los gansos de la posá y yo en el corral de la misma.

En la azotea ocurrían cosas, muchas cosas y entre otras contaré en otro cápitulo dedicado a los juegos de niños de esa época, una graciosa anécdota que ocurrió jugando a los indios.

Al salir por la puerta de La Posá, justo en la esquina de lo que hoy es la agencia de viajes “Anibal”, existía un pollo para sentarse que era conocido como el de la señá Antonia que era una mujer que tenía una tienda de ultramarinos. La señá Antonia era prima de Francisca y de Fausto que vivían por encima de la posá del navajero y estos eran los únicos poseedores en aquellos tiempos de una televisión en blanco y negro, por lo que en ese lugar nos juntábamos a ver la tele todos los vecinos de la calle y era curioso pero en una pequeña habitación que luego con los años te das cuenta que era un espacio mínimo, nos podíamos juntar entre siete u ocho adultos y otros tantos niños que nos sentábamos escalonados como si de un equipo de fútbol se tratara. La llegada del Apolo XI a la luna era todo un acontecimiento que era seguido en aquellos días de 1969 con gran expectación y todo tipo de comentarios uno de los mas usuales era que aquello era un montaje de los americanos, cosa que no sería de extrañar después de ver cuando te haces adulto de la cantidad de manipulaciones que puede haber en los medios de comunicación. No era extraño tampoco que aun no estando ellos viendo la tele, los niños de aquella plazuela nos dejábamos caer, a eso de las seis de la tarde que daban la serie de Tarzán protagonizada por Ron Ely y preguntábamos en voz alta por la puerta entreabierta…¿Francisca, no está puesta la tele? Y la buena mujer, si la tele no estaba puesta, venía y nos la encendía para que nosotros viésemos a  Tarzán con su legión de negros porteadores de bultos en la cabeza que siempre acababan cayendo por la montaña sagrada y los bultos pegando unos botes que parecían de goma, cosas de la tele, je,je. Toda una sucesión de imágenes en blanco y negro de la época con series como “El virginiano”, “Bonanza”, “Los invasores”,  “El doctor Marcus Welby”, “Ironside”, programas como “Valentina, el capitán Tan y Locomotoro” con los inolvidables “Hermanos Malasombra” que eran malos de verdad.

 

Mi tía Nico con Juanitín, Japaca y José Antonio en la azotea de la posá.

En el pollo de la señá Antonia se sentaba la gente al fresco al caer la noche en verano, allí se veía pasar el trasiego de gente que retornaba al pueblo después de realizar labores en el campo, se observaba también los movimiento que ocurrían en la Inspección de la policía municipal que entonces estaba en la parte trasera del ayuntamiento y como ruido de fondo el bullicio de las tabernas próximas que era la del mismo Fausto que estaba justo al lado de la tienda de la señá Antonia y un poco más allá la conocidísima del pueblo de aquellos tiempos que era la taberna de “El Lunes”, que era atendida en aquellos tiempos por el señor Bernardo “El Lunes” e Isaac, su yerno y marido de Encarna, padres a su vez de Quini que era amiga intima de mi hermana Hermi y que era otra de las niñas del corral de la posá del navajero, más tarde se uniría también su hermana Mari, un poco más pequeñas que nosotros y un poco más alejada estaba otra taberna llamada “El Cuadro”. En aquel pollo se solían sentar, la propia señá Antonia, Encarna, mi madre, mis tía Nico, porque ya entonces mi tía Felipa trabajaba hasta tarde, Conce, la madre de mis amigos Jose y Rafi, su hermana Rafaela la madre de Japaca y Juanitín que ya había retornado de Alemania, quedando en aquellas frías tierras su padre, el inolvidable Juan unos años más hasta que regresó a España y trabajó siempre a las ordenes de Cabanillas en el cortijo de “La Notaria”, Paula “la riscal” a la que nosotros siempre hemos llamado Paulita, sus hijas Jacinti y Angelita también eran de los niños de la plazuela y el corral de la posá y alguien más que me puedo dejar en el tintero. Todavía recuerdo una anécdota con la gente del pollo y es que una tarde mi amigo Rafalino y yo nos dedicamos a recoger avispas que se caían de un panal que había en una grieta de la pared de la iglesia de San Mateo y después de tenerlas en una caja, por la tarde antes de que la gente se sentara al fresco, las fuimos metiendo en un hoyo que había en el pollo y las tapamos con un cartón atado con un hilo y cuando la gente estaba sentada tomando el fresco, nosotros desde un extremo tiramos del hilo dejando las avispas al descubierto y estas sembraron el pánico entre la gente que salieron corriendo asustados y algún que otro picotazo.Como digo, eran unos años de austeridad  y era curioso que de casi todos aquellos niños, la mayoría no teníamos padre, ya que unos habían fallecido antes, (mi propio padre que falleció en esos años), Isaac, el marido de Encarna también falleció en esos años y era un tanto curioso puesto el que lo tenía, estaba emigrado en aquellos años a Alemania. Pero esa circunstancia, nosotros no la notábamos, nosotros nos empapábamos de juegos en aquel corral y por supuesto algo que no nos faltó nunca fue el cariño de nuestras familias, prácticamente hacia todos en conjunto pues era un vecindario entrañable y tanto podían querer mi madre o mis tías a mis amigos como sus madres o familiares a nosotros, había algo especial en aquella relación de amistad, era mucho más que de propia familia, todo era de todos, sus casas, mi casa, mi casa la suya, siempre estábamos juntos como hermanos.

Primera comunión de Japaca, con todos celebrando en el salón de la posá, menos este que suscribe que se encontraba por los madriles.

Toda una gran familia en la que curiosamente faltaba yo, que por esos años ya me encontraba en el colegio de Madrid y retornaba a Alburquerque todas las vacaciones, pero en esta imágen superior tomada en el salón de la Posá del navajero durante la celebración de la primera comunión de Paqui en la que se encuentran los niños, Paqui la de Martín, mi hermana Herminia, Rafi, José Antonio, Juan, Petri y Macu, en la fila superior están de pie, Felipa, esposa de Martín, su hija mayor, Emilia, la madre de Juán y abuela de Paqui, Juán, Pepita con Juán Andrés en los brazos, Rafaela y Conce, sin duda una gran familia. Todos ellos sin duda eran también mi familia, la de mi madre, mis tías, la nuestra de mi hermana allí mismo en esos años y la mía en la distancia ya por esos años en Madrid, pero antes de eso pues mi marcha a Madrid fue en el otoño de 1970, antes habíamos visto en la tele de Francisca como Neil Amstrong pisaba la luna y decía aquello en “guachi, guachi” de que era un gran paso para la humanidad.

Continuará en otro momento…

 

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Los extremeños somos así:


Hace algún tiempo encontre o me vino por estas cosas de los correos que te mandan tus contactos de correo-e, uno que me hizo especial gracia. Nos define a los extremeños de una forma graciosa y sin ánimo de faltar, cosa que hoy en día es de alabar. Pero dentro de él lo que especialmente más gracia me hizo en el momento de leerlo, fue la coletilla final emulando a las muchas cadenas que circulan por la red. Por lo que podríamos decir tranquilamente que los extremeños somos así:

-         Un extremeño no se cae, se pega: Una costalá.

-         Un extremeño no dice hola, te dice: ¡HEEEEY!

-         Un extremeño no se desviste, no: Se empelota.

-         Un extremeño no dice “oye tú”, dice: “Chaacho” o “aachaa”.

-         Un extremeño no se enamora, se pone: Berraco.

-         Un extremeño no trata de convencerte ni “te da la vara”, se pone: Mu cansino.

-         Un extremeño no te dice “mira”, Te dice: ¡Cuchaaa!

-         Un extremeño nunca te dice “NO”, te dirá: “Si, por los cojoneh”

-         Un extremeño nunca se agacha, hace: El amago.

-         Un extremeño no te llama la atención, te dice: ¿Ande vas?

-         Un extremeño no tiene amantes, tiene: Mozas.

-         Un extremeño no te pide que lo lleves, te pide que lo acerques.

-         Un extremeño no se impresiona, dice: ¡La virgen!

-         Un extremeño no tiene lumbalgia, está desriñonao.

-         Un extremeño no hace recados, hace: Mandáos.

-         Un extremeño no es un gandul, es: ¡Un cacho perroooo!

-         Un extremeño no pierde el tiempo, está: Vagando o haciendo el barro.

-         Un extremeño no te dirá que estás equivocado, te dice: “Te paece queee” o “amos anda”.

-         Un extremeño no te dice que estás flaco, te dice que estás “escuchumizáo” o “hecho un jilaillo”.

-         Un extremeño no se enfada, se encojona.

-         Un extremeño no está gordo, está: lustroso o cebáo o canchalón o como una cebolla.

-         Un extremeño no te dice “vete”, te dirá: “juye de aquí”.

-         Un extremeño no se duerme, se queda traspuesto.

-         Un extremeño no se estira, se estiranta.

-         Un extremeño no se va, sale “jarreando”.

-         Un extremeño no te dice pesado, te dirá: “sosca” o  “mosca cojonera”.

 

Si no copias esto a todas las personas que creas que están orgullosas de ser extremeñas, no volverás a probar las migas, ni el secreto, ni la torta, ni el buche, ni las perrunillas, ni un buen frite, y las cañas que te tomes no estarán frías y no te pondrán pincho. Además apañarás aceitunas 5 o 6 meses al año a destajo y sin echarte el cigarrino ni ná… y el resto del año trabajarás con el tomate de igual manera.

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Urbano, Txapela, Manu y Mariola al finalizar la sesión agradeciendo al público su presenciaEl cierre del verano o la apertura del otoño, como le queráis llamar, tuvo su punto álgido en Alburquerque durante la noche del 26 al 27 de septiembre. La convocatoria, como ultimamente lo hemos hecho, en la taberna “La Angarilla” o en “cá Maripili” como familiarmente decimos nosotros en el pueblo. Los encargados de cerrar esta sesión: José Luis Urbano y Txapela Cádiz, dos verdaderos maestros del humor gaditano que se dejaron caer por tierras extremeñas durante el fin de semana.

Cierto es que en esta ocasión manejamos con cierta antelación la publicidad del evento y eso hizo que tanto R.C.A., la emisora de radio local y T.D.A, la televisión local de Alburquerque difundieran con eficiencia la noticia del evento que se iba a lleva a cabo en la taberna donde otras veces nos hemos reunido también para llevar a cabo sesiones de narración oral o cuentacuentos para adultos. Txapela ya había estado con nosotros allá por el mes de mayo, por lo que era conocido para gente que estuvo en la primera ocasión y por otra que sin duda lo hacía por referencia.

El viernes por la noche cuando viajaba de Madrid a Alburquerque, me detuve en Cáceres al coincidir mi hora de paso por allí con la llegada de ellos y de Mariola a la capital cacereña. Nos encontramos en la plaza de Santa María y de allí nos dirigimos al conocido “Corral de las cigüeñas”, local en el que ofrecieron una sesión de monólogos que hicieron pasar un buen rato a toda la gente que allí se congregó. En la segunda parte el local se llenó de un público entregado que conectó muy bien con el humor de estos dos artistas que en su faceta de monologuistas han recorrido ya algunas poblaciones de Extremadura.

Aspecto que presentaba "La Angarilla" poco antes del comienzo de la sesión de cuentos.El monólogo está de moda en locales nocturnos y eso se nota en la convocatoria de este tipo de eventos por los locales de ocio nocturno, son mayoría los que se decantan por esta opción que ha tenido su auge a raíz de ciertos programas de televisión. Txapela y Urbano, además de monologuistas son narradores o cuentacuentos y como tal tienen sus propios textos que cuentan a los oyentes con su particular estilo. Es cierto que ahora mismo están actuando más como lo primero, pero como ya digo esto de la escena es muchas veces cuestión de moda y como tal uno debe adaptarse al momento para llegar al público que acude a los bares a ver un espectáculo por la noche. Incido en esto porque más de una vez he oído algún comentario al respecto de que los cuentos no van en bares, o no son para los bares. Que lo que gustan son los monólogos, que estos son más divertidos y por tanto se adaptan mejor al público de bar que está allí un poco a lo suyo. Bien, pues Urbano y Txapela se plantaron el otro día en Alburquerque con un manojo de cuentos variados y por las mismas fotografías que insertaré en este artículo podréis comprobar como absolutamente todo el público de “La Angarilla” mostraban sus bocas abiertas de oreja a oreja  y en algúnos momentos, más de una “mandíbula desencajada” de tanto reir. Era puro cuento, pura diversión y allí nadie reparaba si era monólogo o cuento, daba igual, era pura risa y disfrute del momento. He de decir que estos maestros del humor manejan el tiempo y el lenguaje con finura, con estilo y sin la vulgaridad a la que hoy nos tiene acostumbrado más de un espectáculo. Es muy fácil recurrir al tópico típico e incluso a la grosería para hacer reír tal y como nos tiene acostumbrado hoy día medios como la televisión, pero el humorista fino no necesita estos recursos. El rostro de los asistentes lo dice todo. Ante todo buen humor.

La sesión comenzó en cuanto pudimos habilitar un hueco en el lugar de una de las mesas ya que esta vez el arco bajo el que hemos contado otras veces estaba totalente ocupado de gente que ocupaba las mesas y cuya intención no era irse de allí hasta haber disfrutado del momento que nos iban a brindar estos dos.

Como muchas veces ocurre en los partidos de futbol, los comienzos son de puro contacto con el público e incluso yo en alguna ocasión he escrito en este medio sobre la incomodidad del primer narrador para abrir fuego en una contada conjunta. Es la toma de contacto y cuando el personal está todavía frío, pero al poco tiempo Urbano ya se había hecho con ellos bajándoles una luna lunera con la gracia que le caracteriza y abriendo las primeras sonrisas que luego se tornaron en risas. Despues Txapela conectó con su público, porque tengo que decir que aquí Manolo llevaba ventaja, jugaba como local practicamente, además me consta que ya tiene hasta su “fans´s club”… esto es broma pero lo parece. Volvió Urbano para cerrar la primera parte con un cuento de pecados y virtudes que yo conozco de haberlo leído, pero no lo había escuchado contar núnca. Tengo  que decir que me sorprendió, pero trantándose de Urbano debería haber imaginado que su originalidad está en su forma de contar y ahí sobran comentarios.

Ambientazo en "La Angarilla". Al fondo las puertas abiertas y gente en la calle escuchando.El ambiente en ese momento era espectacular, el local totalmente lleno llegando incluso a encontrarse la puerta de la calle abierta y gente fuera escuchando pero en ese momento era materialmente imposible entrar en el bar. La segunda parte comenzó esta vez con Txapela y sus monstruos que volvieron a hacer mostrar las dentaduras otra vez al respetable. Luego tal y como había prometido, Urbano nos deleitó con su versión de “The Exorcist” que yo le escuché en su día en el maratón de los cuentos de Guadalajara tal y como ya he descrito en el artículo anterior. Cerró luego Txapela su actuació con un cuento muy original que por lo original que es ni siquiera lo describo y quien tenga la suerte de escucharselo, pues mejor para él. Ocurrió después lo imprevisto, lo novedoso en estas sesiones, los “bises”. Todo el local pidiendo a coro “otro, otro, otro”… ¡Impresionante!

Fue Txapela esta vez con un monólogo quien volvió a hacer reír al público despidiendo así su actuación por segunda vez en “La Angarilla”. Posteriormente y a petición de parte de el público pasé a contar yo el cuento del pollo amarillo para luego cerrar Mariola con la participación de la gente.

Luego vinieron las despedidas pues nuestros amigos se tenían que marchar y como siempre en el local nos quedamos los de última hora para volver a caminar juntos “la Japaca” y yo calle Colón arriba camino del Reducto. Una buena noche sin duda otra vez entre amigos y sobre todo cada vez más entre amigos con ese gustillo que le vamos cogiendo a las noches de cuentos en “el maripili”. A partir de aquí os dejo una galería de imágenes de esa noche para que os las descarguéis si os apetece. Os esperamos a todos otra vez para la próxima y por supuesto que si queréis seguir con el lema de: “díceselo a la gente” y que cada vez seamos más en este evento de los cuentos.

Urbano, Txapela, Manu y Mariola. En primer término Vicky y Marisa Rubio, grandes amigas de siempre. Al fondo más público. Público en la zona en la que habitualmente contamos. Julia, Vicky y Marisa. Público desde la barra. Público desde la barra. Mucha gente en "La Angarilla" Urbano al fondo empezando la sesión. José Luis Urbano durante una de sus intervenciones. La cara de la gente lo dice todo... ¡Ese Urbano güeno! Manolo Cascero, uno de los asiduos a los cuentos. Txapela en una de sus intervenciones. Txapela repartiendo sonrisas. "Eso queda mu bien ahí" Urbano Txapela con Nico, Plata y Choya al fondo. La amigas y amigos con Maripili que observa al fondo. Risas, risas y más risas. Y más risas jjjj.... Pensativos Mariola y Urbano. Urbano en un momento exorcista... Este que suscribe con el pollo amarillo... ¿El pollito es así? Acabando el cuento. Mariola durante su intervención. Mariola finalizando la sesión. Maripili Plata, Quini y Paqui.  Choya, Maripili y Marisa. Ahí estamos todos al final de otra gran noche en "La Angarilla"

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