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Archivar como 23 febrero 2011


Bajo este título estrenaré el próximo Viernes 11 de marzo a las 21’00 horas un nuevo formato de sesión de cuentos especialmente montado para una sala de teatro. Es mi apuesta particular para llevar la narración oral a una sala de teatro. Con medios técnicos como los que puede disponer una sala, se hace del todo necesario montar un espectáculo diferente a lo que pueda ser una sesión de narración oral convencional. Utilizar la iluminación y el sonido adaptando una serie de fragmentos musicales a cada historia que voy presentando haciendo por ello que las entradas y salidas de cada historia se vean acompañadas y en algunos momento el texto bajo el cual sonará durante un tiempo una melodía que nos sugiere de esta forma vivir con más intensidad las sensaciones que transmiten las palabras. La sesión se desarrollará en una linea ascendente, comenzando con unos textos profundos y melancólicos para en un momento dado girar hacia el humor para acabar con la integración del público en el final del acto. No solo he tratado de integrar música e iluminación, ya que la presentación y exposición de la misma será bajo un guión teatralizado que por ello la hace ser diferente. En la  puesta en escena, el narrador integrará al público como un elemento más de la escenografía como bien se indica en la sinopsis, pero  tampoco quiero desvelaros más detalles de la sesión para que de algún modo os pueda sorprender más.

Sinopsis: Como en esas malas noches en las que un vino te acompaña para olvidar… La sesión comienza así: Tómate un vino con el narrador y recorre la noche con los cuentos tristes… en un momento dado, cuando el alcohol hace su efecto, las penas son menos penas y empieza a tornarse en alegría. Un giro en los relatos te hará reír por fin con los personajes surrealistas que van surgiendo de cada historia. La música acompañará al texto en momentos determinados para introducirte y sacarte del mismo. Acabarás participando en una loca carrera en la cual el malo ganará al bueno al ritmo del “Heavy” más duro… Seis o siete historias componen el repertorio elegido para esta sesión, ensambladas con otros tantos fragmentos musicales adaptados a cada una de ellas. Llorar y reír, esa es la cuestión…

Por tanto os espero el próximo 11 de marzo en Plot Point para sentir y vivir juntos estas historias. A partir de aquí, tendré más fechas en la misma sala de las que os iré dando noticias cuando se vaya aproximando la fecha. Por ahora tengo confirmados los próximos 12, 19 y 26 de mayo, es decir que son cuatro las sesiones programadas hasta ahora y espero en un futuro pueda ir ampliando el número de ellas.

 

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Durante un tiempo en el que me han acontecido una serie de hechos de los que muchos lectores de este blog han estado al corriente, vuelvo a ir a contar cuentos al hospital infantil “Niño Jesús” de Madrid. Son ya con esta, varias las veces que he estado contando mis cuentos en este lugar. Siempre que voy me gusta referirme a este público especial nombrándolos con cariño como: “Los niños malitos”. Hace ya algunos años que fui por allí la primera vez. Me advirtieron que no es fácil y que puede llegar a afectarte sentimentalmente el estado que pueden presentar algunos de los internados en este centro. Tengo que decir que ni la primera ni ninguna de las veces que he estado, para mí ha supuesto trauma alguno. Todo lo contrario, como una sucesión de sensaciones que podríamos definir como: cargarse las pilas. Siempre recordaré algunos momentos como los más entrañables de mi vida. Uno de estos fue cuando me senté justo al borde del escenario con Getulio, mi duende estrella, de pie sobre el mismo y junto a mi. Enfrente una preciosidad rubia de ojos claritos, de aproximadamente unos 6 años y que cubría su boquita y nariz con una mascarilla higiénica. Se estableció un hilo comunicativo entre los tres que centró la atención de todos los niños que había alrededor. Llegado un momento solo existían ella y Getulio. Todos los demás estábamos siendo ignorados y su conversación era íntima y directa. Cada vez que ella sonreía, la comisura de sus labios parecía salirse de los márgenes establecidos por la mascarilla. Sus ojos se iluminaban cada vez más y la sonrisa no vista en su totalidad pudiera calificarse como “la sonrisa perfecta”. Mientras tanto, sus familiares no podían sostener el progresivo abrillantamiento de sus ojos hasta desprender unas lágrimas que rápidamente impedían que recorrieran sus mejillas.

Así, una y otra vez podría enumerar una buena cantidad de anécdotas que me han ido sucediendo en las diferentes visitas que he girado a este lugar. Además esto me ha brindado la posibilidad de conocer gente buena que se encarga de hacer felices a los demás. Gente como Mariano o Rafa, dos enfermeros que se encargan de la coordinación de actividades, como Juan, “El cocinero de los cuentos” que con su cocina llena de cuentos, recorre las habitaciones donde se encuentran niños que tienen la imposibilidad de bajar al teatrillo y a los que suele regalar una cuchara que él personalmente se encarga de realizar en madera. Los chavales anónimos de “Voluntarios sin fronteras” que realizan actividades con los niños durante y después de las sesiones del teatrillo y como nó, de padres, madres, abuelas, abuelos, hermanos y amigos que se dan cita una tarde de sábado o domingo para acompañar a sus pequeños más queridos. Después de la sesión llega el momento de recoger y salir de las instalaciones y ahí es donde he sentido la gratificación de haber hecho pasar un buen rato a todos esos espectadores especiales. De la forma en que los familiares te agradecen lo que has hecho, te hace emocionarte porque en sus rostros se palpa la sinceridad del agradecimiento, o cuando una abuela te sujeta por el antebrazo y te planta dos besos emocionados hace que solo su recuerdo a la hora de escribir estas lineas, consiga emocionarme y se me acabe soltando alguna lágrima. Me temo que nosotros que actuamos delante de ellos con la intención de curar su ánimo, realmente somos quienes acabamos siendo curados en lo más profundo del alma. Tal vez esa sea la necesidad que por lo menos yo tengo de pasar cada cierto tiempo a estar con mis “niños malitos”. No se me malinterprete este calificativo que utilizo para referirme a ellos, pues lo digo con el cariño más profundo que puedo sacar de mi interior y por supuesto que no quisiera que jamás esto pudiera ofender a algún familiar que se encontrara en esta situación.

Allá me dirigiré el domingo por la tarde y compartiré escenario con otra chica que va a hacer títeres. Alguno o alguna de los o las artistas que pasan por el teatrillo, son antiguos residentes que han estado hospitalizados en su día en el Niño Jesús y que si se están dedicando a cualquier actividad artística suelen pasar con periodicidad a actuar en el teatrillo. La última vez que estuve por allí actuó también un mago que tendría 12 o 13 años y se encontraba en pleno proceso de formación. También había sido residente. No en vano para actuar en este lugar debes ponerte previamente en contacto con los coordinadores y ellos ya te darán fecha que suele ser al cabo de uno o dos meses, ya que normalmente la agenda la suelen tener apretada.  Un abrazo lectores y lectoras…

 

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