La comunión y viaje a Madrid.


Vestido de Almirante en Carrión con mi prima Juani (q.e.p.d.) al fondo.

Aquel día lo empecé muy arregladito y lo acabé de mecánico…

Con el tiempo, los niños del corral nos fuimos haciendo mayores, empezamos a ir la escuela por cierto, dispersas como adelantaba en el artículo anterior en varias sedes diferentes por el pueblo, la de Doña Sara, estaba en concreto en la calle derecha, donde hoy está ubicada la tienda de Zacarías Piris y salíamos a jugar en el recreo a los corrales que daban a la parte trasera desde donde se apreciaba siempre gigantesca la figura del castillo que para nosotros entonces era omnipresente en todos nuestros juegos y fantasías. Otros de mis amigos como dije, iban al colegio de las monjas, con la hermana Dolores que actualmente se encuentra otra vez destinada en Alburquerque y que en aquellos años daba clases a los “parvulitos”.

Poco a poco fue pasando aquel tiempo y llegó posteriormente el paso a otro curso y otra vez cambio de escuela, en esta ocasión al Llano del Pilar, justo donde hoy esta el “Espacio para la creación joven” estaba antes el curso de 1º de primaria que lo daba Don Florentino, marido de Doña Sara y del que no tengo grato recuerdo pero por motivos personales no quiero ahondar en el tema porque agua pasada no mueve molinos,  y en esta época creo recordar la primera comunión como algo curioso.

En aquel tiempo Don Salvador que era el cura párroco del pueblo, tenía la premisa de que todos los niños tenían que hacer la primera comunión vestidos de frailes, por eso simplemente basta con mirar alguno de los múltiples portarretratos que se encuentren en casa de las madres de mis contemporáneos para advertir que casi todos tienen su foto de primera comunión vestidos de frailes. Mi madre entonces no quiso que yo hiciera la comunión vestido de fraile por lo que se las arreglo para que yo hiciese la comunión vestido de Almirante y en Carrión, en una ceremonia oficiada por el cura de las iglesias de San Francisco y Santa María que era Don Hipólito. Para lo cual mi madre alquiló las furgonetas de Lino para llevar a familia y otros invitados a Carrión, donde yo vestido con mi chaqueta azul, pantalones blancos, los entorchados y toda la parafernalia esta con la que se viste a los niños cuando toman la comunión, en un momento de descuido me puse a indagar en los secretos de los coches que para mi siempre han tenido ese encanto como para muchos niños descubrir los secretos de la mecánica y como digo me puse a jugar con la vieja furgoneta Alfa-Romeo de Lino y a hurgar debajo del capó del motor que entonces estaba en el interior del vehículo y cuando mi madre me descubrió yo estaba para una foto, con los pantalones blancos totalmente manchados de grasa negra, porque entonces aquellos “cacharros” soltaban grasa por todos lados y bien creo que le di el día de la comunión.

Tomando la primera comunión de manos de Don Hipólito

El banquete se hizo en casa como era habitual en aquella época, pues no había los restaurantes que hay hoy en día para todo este tipo de celebraciones, donde dimos cuenta de un suculento manjar casero con dulces de los típicos en Alburquerque y las famosas tartas de bizcocho con varios pisos de crema y chocolates cubiertas de piñones que hacía entonces mi madre y de las que el “Rafalino” era un autentico adorador.

Por aquel entonces creo, empezó mi afición por las artes escénicas, porque José Antonio que era el mas mayor de todos nosotros, ideó que en el desván podíamos hacer obras de teatro y me acuerdo que pusimos varias filas de asientos en las que se sentaban mi hermana, Japaca, Quini y otras amigas, así como otros niños que venían de otros sitios aledaños a la plazuela pero que ahora no recuerdo nítidamente y en función de lo más aproximado al escenario, costaba más caro o más barato y al fondo del todo, en lo alto de una cama-mueble estaba el bar en el que se dispensaba gaseosa blanca, naranja o cola marca “La perla”  que comprábamos previamente en el bar “El Lunes” y que era atendido por Rafi. Las escenas que representábamos no eran otras que las imágenes que veíamos en series como “El virginiano”, “Trampas” o “Bonanza”  y nos dábamos toda clase de puñetazos y mamporros de ficción con el “único” problema que era que siempre todos queríamos ser el ganador de la pelea, por lo que al final casi siempre se formaba algún “guirigay”. Poco después estas escenas fueron sustituidas por un teatro guiñol que construyó José Antonio y que era toda una joya de construcción guiñolistica, con sus cambios de decorados por la parte trasera, sus fantasmas que flotaban en él pendiendo de un hilo, los muñecos realizados con pasta de papel, toda una muestra de ingenio “inventor” del que con frecuencia hacía gala José Antonio.

 

En una fotografá de unos años más tarde, la famosa tarta que preparaba mi madre y la mirada de \

Yo por entonces desconocía cuales eran los planes para conmigo que tenía mi madre pero al final de uno de aquellos veranos, es decir del verano de 1970, me fui interno al colegio de Madrid y de eso tengo perfectamente en la memoria como fue mi llegada a la capital de España. El viaje fue en tren partiendo de Badajoz y tras una larga noche en aquellos asientos azules de skay de aquellos vagones con compartimentos que tanto añoro yo de los trenes, otra de mis pasiones, llegamos a la estación de Atocha, la vieja estación donde las vías llegaban hasta el final de lo que hoy esta convertido en jardín botánico en la nueva estación, con sus mozos de cuerda, sus carromatos que llevaban las maletas consignadas y sacas de correo a los primeros vagones del convoy y el olor a vapor de agua de las calefacciones de aquellos trenes de los que a diferencia de mi primer viaje, ya no había locomotoras de vapor y habían sido sustituidas por las diesel y eléctricas, pero aún así un olor característico invadía aquella estación acompañado del de las viandas que entonces portaban la mayoría de los viajeros, ya que entonces era habitual comer en los trenes, pues los viajes eran largos y en la mayoría de las ocasiones siempre llegaban con retraso. Me acuerdo que salía de Badajoz sobre las 23’30 horas y llegaba a Madrid a eso de las 8  de la mañana.

La primera noche en Madrid la pasamos en casa de unos conocidos de mi madre que yo siempre recordé como la casa de la Sra. Ángeles y el señor Ernesto Valor, que mi madre había conocido hacía años cuando estos estuvieron viviendo en Alburquerque y es que el señor Ernesto Valor había sido uno de los que “llevó la luz” al pueblo cuando en los años posteriores a la guerra se instaló la luz eléctrica en Alburquerque.

Al despertarme la primera mañana en Madrid, un enorme estruendo me sobresaltó, de repente estaba oyendo algo que jamás en mi vida había oído, algo que me hizo asomar por la ventana hacia la calle y observar el tráfico de multitud de vehículos en movimiento a la vez que eran los causantes de aquel infernal ruido. Para un niño que procedía de un pueblo donde por aquel tiempo había escasos coches, alguno que otro que circulaba de vez en cuando, las “estellesas” que daban la vuelta en el reducto, dos camiones eternamente aparcados en el rincón de la iglesia de San Mateo que da al reducto, el camión de “Transportes Abajo” que venía de vez en cuando a Alburquerque y poco más, aquella visión fue de las primeras que aquel 2 de octubre de 1970 marcaron mi llegada a la capital de España y digo que fue la primera porque la segunda estaba por producirse un par de horas más tarde.

 

Aquella misma mañana junto a mi madre, tomé el autobús para dirigirnos al que iba a ser mi lugar de residencia en el futuro, el colegio Infanta María Teresa y recuerdo que al llegar un momento del trayecto, empecé a observar como se iba acumulando gente a lo largo de la calle y algo extraño se observaba en el ambiente, dado que el autobús hacía constantes paradas, por lo que llegado un momento nos apeamos del mismo y nos unimos a la multitud que en esos momentos se congregaba en torno a una calle engalanada con multitud de banderas de España y de los Estados Unidos de América y al poco tiempo pude ver venir por la calle la comitiva encabezada por la guardia mora de Franco dando escolta a una caravana de coches negros y enormes y en lo alto de uno de ellos, de esos coches americanos que tan solo veíamos en las películas, allí en lo alto, asomando por una ventana en el techo, pasaban saludando a la gente con sus manos, el omnipresente en todos los NO-DO de España, el caudillo Francisco Franco y Richard Nixon, presidente de los Estados Unidos que estaba en viaje de visita oficial a España.

Poco tiempo después la llegada al colegio y mi ingreso en el mismo, dejaba atrás la primera parte de mis años de niñez en Alburquerque, atrás quedaban José Antonio, Rafalino, Japaca, Juanitín, mi hermana, Quini y todos los niños de la plazuela, atrás quedaban mis tías Nico y Felipa, Conce, Rafaela, el señó José “buenapersona”, las laderas y las cuevas del coscorrón, la de la serpientes, la cueva del ogro, todo ello en las inmediaciones del castillo, atrás quedaban los mixtos de estallo del puesto de la seña María que había en lo que hoy es la oficina de turismo, atrás quedaba para siempre Don Daniel y todavía el peor, Don Rafael el practicante que era el que me pinchaba con frecuencia y así comenzó mi nueva andadura donde no eché de menos la presencia de mi madre puesto que se vino a Madrid para estar cerca de mi, haciendo el gran sacrificio de separarse de su familia, pero yo noté que no estuve solo, por eso yo hoy en día cuando veo a muchos de los nuevos inmigrantes que nos han llegado, muchos de los cuales han dejado parte de su familia a miles de kilómetros de distancia, por eso yo me acuerdo de mi madre cuando dejó en el pueblo una niña con 4 años al cargo de sus hermanas, por eso quiero que desde aquí, desde estas humildes líneas, sirva de homenaje y reconocimiento por mi parte a su gran esfuerzo realizado tanto a ella como a mis tías. GRACIAS.

Mi tá Felipa, Don Hipólito, mi tá Nico, mi hermana, mi prima Petri, la hermana Corazón, mi madre con la imagen un poco cortada y yo, después de la celebración.

 

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6 pensamientos en “La comunión y viaje a Madrid.

  1. Yo también tengo grabado en mi memoria mi llegada al Infanta, procedente de 0viedo en el 1972, casi cuando tu, venia de una capital de provincia pero que de aquella se aproximaba mas a tu pueblo que a la capital de España, a mi no me afectaron mucho los coches ni me toco la comitiva, pero me paso algo que permanece imborrable en mi memoria. A mi madre le habían dicho que no era necesario llevar absolutamente nada, que nos darían de todo, ropa, material escolar, etc., tanto se lo habían recalcado que así fue, unos días antes de marchar me compro unos pantalones de esos de tergal, pero de color rosa, si ha día de hoy aun soy algo reacio a poner alguna camisa o polo de ese color, no quiero ni contar de aquella época, en fin, después de insistirme que solo era para el viaje y que nada mas llegar allí me darían de todo y podría cambiarme, acepte a ir con los dichosos pantalones, también llevaba una maleta (vacía) ya que así nos lo habían dicho para poder llevar luego las cosas para casa.
    En fin, llegue al colegio y la verdad es que no hubo mucho cachondeo (o eso creo) pero yo estaba deseando cambiarme, creo recordar que llegue un ida 1 ó 2 de octubre y por un motivo u otro, no me dieron la ropa hasta el 13, después del Pilar, podéis imaginar que doce días pase, aunque a partir del 4º día mas que rosa ya parecía el pantalón del uniforme gris.
    Tiempo mas tarde, destinaron (o ya estaba allí, no lo recuerdo) al Subteniente La Asunción, para el ropero, había sido gran compañero de mi padre y desde aquel día, ya nunca mas tuve problemas de ropa, salvo la típica falta de “tachines”
    Otro dia mas

  2. Yo te podría contar que a la llegada al colegio, mi madre me había puesto ropa y algunas cosas más pero sobre todo un bonito necesser con todo tipo de artículos para higiene personal, que si cepillo de diente, peine, tijeras pequeñas, crema dental, un pulverizador con colonia etc, etc.
    Como era muy grande, ya que sacaba casi medio cuerpo a todos los de mi edad, “La Pepa” no me quiso en sus dormitorios y me enviaron al 1º piso con los más mayores, que llevaban ya uno o dos años en el colegio. Me dieron un armario de madera y alguien me ayudó a ponerle un candado con cáncamos en la puerta. Guardé mis pertenencias en el mismo y por la noche a dormir.
    A la mañana siguiente, al despertarme noté que me picaba la cara y cual fue mi sorpresa cuando entre las risas de todos, observé que me habían pintado la cara con crema dental. Al llegar al armario para utilizar el necesser, me habían forzado el candado y ya no había rastro de él. Tuve que lavarme la cara y peinarme con los dedos y así hasta que me dieron de nuevo el material. Estuve cerca de dos meses en ese dormitorio sufriendo las “bromas” típicas de los mayores hasta que algún inspector se dió cuenta de mi edad y me retornaron con los “pepones”, claro que ya iba yo bien aleccionado de lo que era un internado…
    ¿Te imaginas eso en un niño de 8 años hoy en día?…

  3. La verdad Manu, que todos pasamos nuestros momentos duros en el Infanta, para mi, aquellos que tenían relación con humillaciones o “extrañas desapariciones” eran los que mas me sacaban de quicio, pero que a la larga me fueron curtiendo, después de pasar siete años allí, recuerdo que deje los estudios y al poco tiempo me toco ir a la mili, lo mismo que dices tu, ¿Te imaginas a un chaval de 20 años de ahora ir a la mili? Pues como de aquella o peor, los que no habían salido de casa en su vida, estaban como nosotros pero con diez o doce años de diferencia, yo recuerdo perfectamente (te prometo que no contare la mili) que cuando llevaba tres días en el campamento de Cerro Moyano, me cruce con un par de “bichos” (así se llamaban a los nuevos) después de hablar un poco, me preguntaron que cuanto me faltaba para licenciarme, alucinaron cuando les dije que era otro “bicho” igual que ellos. Tenía mucha mili (aunque fuera de otro tipo) ya encima y se me notaba. Creo que para eso el Infanta ha servido de mucho, o te valías por ti mismo o lo tenías crudo.
    No puedo ni imaginarme a mis dos hijos (Alejandro 24 y Susy 17) en una situación similar, ¡Jolines! Viven como reyes. (bueno que disfruten)
    Una consulta, ¿Dónde creaste este blog o es un dominio? No estoy muy enterado de estas cosas de Internet y he creado un blog en el que estoy escribiendo un libro (no muy bueno) pero cuando hago una prueba de ver si es fácil de localizar por un buscador, no aparece ni para la de tres.

    Un abrazo Manu.

  4. Es un blog de wordpress.com, muy facil de administrar y a mi particularmente de los que más me gustan porque tiene un montón de opciones de formato.
    Luego lo del .com es una especie de crédito que pagas anualmente y pones el nombre que te interesa.
    Prueba en http://www.wordpress.com y eliges el idioma y ya esta.
    Luego lo de los motores de busqueda es otra cosa pero hay trucos.

  5. Me ha impresionado tu relato,que por cierto no sé cómo he dado con él, porque me recuerda mi infancia feliz de pueblo,donde siempre creo que se es mas feliz.Enhorabuena por tus recuerdos y la forma tan noble y sensible de narrarlos.Me has emocionado.Sigue siendo como eres.Un abrazo

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