El viaje a la luna


Un momento de mi viaje a la luna.

A mediados del mes de diciembre viajé a la ciudad de Logroño para contar cuentos en el café “La Luna”. Este local de la capital riojana lleva 16 años consecutivos celebrando ediciones de los conocidos como “Los cuentos de la luna” y pasan por su escenario la mayoría de los narradores orales de habla hispana tanto españoles como sudamericanos.

Tengo que decir que el viaje en sí, siempre me atrajo ya que entre otras cosas como contar cuentos en un espacio emblemático como es “La luna”, me iba a brindar la oportunidad de reencontrarme con algunos amigos de la infancia que viven en la ciudad. LLamé a uno de ellos y este ya se encargó de avisar a los demás para congregarlos y asistir a mi sesión de cuentos. Viajé durante la mañana atravesando las heladas tierras de la meseta y tras pasar el puerto de Piqueras por el tunel con un paisaje espectacularmente nevado a mi alrededor que me hacía ver la llegada por anticipado de la blanca navidad.

Nada más llegar a la ciudad, fui a ver a uno de mis amigos y a su familia recibiéndome con el cariño ese que dan los años de convivencia de la infancia en un internado. Siempre que nos encontramos, aúnque hayan pasado veínte años, hablamos como si fuera ayer. Me anticipó que toda su familia entera  estarían acompañándome en la sala y cuando digo entera es eso, entera con suegros, hijos y nietos porque todavía no hay pero así son de familiares estas amistades.

En la luna de Logroño

Durante el viaje me había llamado por teléfono Mari Eva, una antigua amiga de la infancia cuya madre es íntima amiga de la mía y esta ya se había encargado de hacerle saber que iba a estar en la ciudad donde vive su hija desde hace años. Así pues, estuvimos tomando un café ya que al encontrarnos me comentó que por obligaciones familiares no podía asistir a mi actuación, por lo que en un bar próximo al lugar donde yo había quedado, nos encontramos y estuvimos un rato charlando ya que hacía tiempo que no nos veíamos, por cierto tiene dos hijas guapisimas. Estuve ya toda la tarde con una sensación que hacía tiempo que no me pasaba. Se me secaba constantemente la boca por los nervios previos a la actuación ya que para mi, contar en “La luna” era una gran responsabilidad, pues como ya digo es un sitio de referencia en el mundillo de la narración oral escénica.

Un rato más tarde estaba ya dentro de local al cual iban llegando las primeras personas ya que hacía poco que había abierto sus puertas. Este es un sitio donde pude comprobar que a diferencia de otros en los que he estado, aquí no tienes que esperar a comenzar un poco más tarde para que llegue más gente, aquí a la hora programada el local estaba practicamente lleno por lo que solo se demoró el comienzo aproximadamente unos diez minutos.

Habia gente viendo la sesión en las escaleras a través de sus peldaños...

Tengo que decir que comencé un poco nervioso, tal vez provocado al cambiar el orden de los cuentos que iba a contar por sugerencia de Fran, sin duda un gran tipo y un gran anfitrión, para que la primera parte fuera un poco más corta que la segunda, pero como ya digo y en esto los humanos somos un poco rutinarios y cuando se nos trastoca el plan parece que todo zozobra hasta que se calma la situación. El caso es que poco a poco fui relajándome hasta encontrarme más a gusto al final. Impresiona ver un público de bar tan callado, atento y respetuoso con el narrador. En este aspecto, por ahora “La luna” es donde mejor público he encontrado. C0mo ya he dicho, el local estaba repleto de gente, que había quien escuchaba los cuentos desde las escaleras que dan acceso a los servicios y viendo a través de sus peldaños y sin embargo a veces te daba la sensación de estar contando en una sala ya que incluso para esto, eran cuidadosos desde la barra que no encienden ni la cafetera durante la sesión.

En este local cuentas además con el apoyo de dos micrófonos perimetrales que situados en el techo a la altura del escenario, te hacen llegar comodamente a todo el local ya que este es grande y si no fuera así dificilmente llegarías a todos los que quieren escuchar tus cuentos en este sitio.

Otro momento de la actuación.

Fue pasando finalmmente el tiempo y la sesión llegó a su fin y pude reencontrarme  con los viejos amigos entre los que estaba como le llamaba mi madre de chico “mesita”, por lo del apellido Mesa y este me dió una gran sorpresa. Llevaba algo en el bolsillo que sacó de entre un pañuelo y cuando la pude ver la reconocí al instante. Aún conservaba la vieja “Honner”, la primera armónica con la que yo hilvané los primeros acordes de una canción hacía la friolera de 39 años, ya que Otilia, su madre le había comprado esta armónica y yo que era un poco más pequeño, se la pedí prestada un momento en la sala de las visitas del colegio y con siete años soplé aquellos primeros acordes que hicierón que mi madre me comprara mi primera armónica, una igual que la suya y que sin duda yo no supe conservar como él. Fueron unos momentos de recuerdo que aúnque breves (me esperaban mis anfitriones en Logroño para ir a cumplimentar unos pinchos en la calle Laurel), fueron intensos y espero volver por esta ciudad para estar más detenidamente con estos amigos de los que sin duda guardo gran recuerdo.

Así pues, esta ha sido mi experiencia en el primer viaje a la luna como narrador y del que guardo grato recuerdo y como ya os dije hace tiempo, os contaría en estas líneas.

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