El placer de contar un cuento


Contar un cuento es una actividad que para mucha gente puede llegar a ser hasta cotidiana. Muchos padres y madres lo hacen habitualmente. Si bien no narrándolo de memoria, pero sí leyéndolo a su pequeño o pequeña, y a veces a varios a la vez. Cualquiera de ellos puede sentir esa agradable sensación de experimentar en sus rostros las expresiones, muchas veces de asombro, otras de temor, algunas de incertidumbre por lo que va a acontecer en la continuación del relato y otras tantas de júbilo y jolgorio ante algo que ha terminado como a ellos le ha gustado y aguardan con expectación a un nuevo relato que en el caso de los padres será seguramente a la noche siguiente.

Cuando desarrolla esta actividad de forma profesional todas esas sensaciones se multiplican por el número de oyentes que tienes en un aula, gimnasio o salón donde se lleva a cabo la sesión de “cuentacuentos”. A esto se le añade que habitualmente el profesional suele salir a desarrollar una sesión de cuentos infantiles caracterizado bajo un disfraz de un personaje, que además interpreta. Estas otras sensaciones se vuelven a multiplicar por otras tantas que se obtienen de interactuar con ellos a base de retahílas, preguntas, acertijos, abracadabras y otros tantos recursos que echas en la olla mágica de los ungüentos para conseguir mezclar la pócima secreta que va a dar como resultado el giro inesperado que les hará asombrarse de nuevo ante lo desconocido pero ya resuelto del relato que les estás contando.Alejandro está viendo en mi mano el unicornio azul de alas doradas que ha viajado por ese maravilloso triángulo que hay en mi mirada a sus ojos, el a la mano y de la mano a mi boca...

Durante mi ultimo viaje, que ha sido a la ciudad de Marrakech, uno de los compañeros de viaje ha sido Alejandro. Hijo de unos amigos y con cuatro años de edad, Alex es uno de los niños más fantasiosos que yo he conocido. Los gigantes y dragones viajan siempre a lomos de su imaginación y te puede contar un relato de varios minutos totalmente hilados y conectados entre sí que es una delicia escucharlos en la voz de un niño de esa edad. Ni que decir tiene que contarle un cuento a Alex es una labor de las más fáciles del mundo. No tienes que rodearle para captar su atención, tú simplemente empiezas a contar un cuento y automáticamente él te escucha atento sin distracción alguna todo el relato. En la foto con la que ilustro el artículo, estamos los dos sentados en uno de los patios del ryad donde nos alojamos en Marrakech y le estoy contando un breve cuento de Armando Quintero: “El unicornio azul”. Le había seguido con la mirada hasta que volvió a posarse sobre mi mano. Alejandro está en ese momento viendo el unicornio y la comunicación entre los dos es un triángulo que se desarrolla en el espacio que hay en la mirada que sale de mis ojos, llega a los suyos que la dirigen hacia mi mano y de allí a mi boca de donde sale el relato narrado. Directa, cómplice, límpia, inocente y sana, esa  es la combinación perfecta para que un narrador sienta ese inmenso placer que es el contar un cuento.

Es por estos pequeños detalles por los que hoy en día estoy disfrutando de desarrollar este arte de la narración. Es por lo que además esperas con impaciencia que vuelvas a tener la oportunidad de salir ahí fuera y realizar tu labor. Porque estas sensaciones también se dan en auditorios con público adulto. Llegas a sentir las miradas complices de las personas que tienes en las primeras filas, siempre que se trate claro, de gente que ha ido a ver y oir un espectáculo de narración oral, ni que decir tiene que cada cosa ha de hacerse en su sitio, porque cuando esta actividad se desarrolla en un lugar de paso o que acude gente que pasaba por allí y se ha encontrado de repente eso, pues no es lo mismo, ya que unos se quedarán, otros seguiran su camino y lo que es peor, otros se encontrarán con alguien de los allí presente y se pondrán a hablar tan tranquilos de sus cosas tan extraordinarias como “vaya con el tiempo, que no para de llover”…

Quiero pensar también que  estas sensaciones para el orador son gratas, porque  todos los “cuentacuentos” quizá tengamos algo o mucho de egocéntricos, ya que seguramente si no fuera así nos sería muy difícil salir delante de un público, subirnos en cualquier taburete y contar sin parar por diez, quince, veinte minutos y hasta hora y pico. Por ahora entre todos los que conozco o casi todos, somos personas bastante habladoras, como que nos da la sensación de que hemos abrasado ya los oídos de la gente y amigos que nos rodean y hemos tenido que buscarnos orejas nuevas que reciban nuestras palabras. Es todo un placer contar un cuento, como ya digo y si quieres puedes comprobarlo, simplemente tienes que elegir un buen relato, no hace falta que sea muy largo. Te aprendes su contenido (no aconsejo memorizarlo textualmente) y luego lo cuentas como cuando lo haces para contarle a los amigos tu ultimo viaje o fin de semana pasado en cualquier sitio. Así, simple y sencillo sin nada más. Eso es contar.

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9 pensamientos en “El placer de contar un cuento

  1. ESTOS SON LOS ARTICULOS QUE LLENAN DE ORGULLO¡¡¡¡¡,Y MAS TRATANDOSE DE UN PEQUEÑITO DE CUATRO AÑOS.
    YO SOY LA FELIZ Y ORGULLOSA ABUELA DE ESE PEQUEÑO NARRADOR LLAMADO ALEJANDRO.

    • El ser madre tiene un profundo respeto y admiración, Dios le conceda muchas gracias y dones, ya que te has ganado el cariño de todos quienes tes conocemos desde hace bastante tiempo, Dios le guarde y la proteja siempre

      • Gracias al admirador…la verdad, me siento feliz de tener en la familia a un ser tan especial como ese pequeñito que es mi amor.

    • Se te nota que te encuentras muy orgullosa de ese pequeño narrador, pues como abuela es muy placentero tener esas satisfacciones, felicitaciones y que sigas cosechando triunfos familiares como este

  2. Gracias al admirador..y la verdad,me siento orgullosa de tener en mi familia a ese pequeñito llamado Alejandro, que hace las delicias de nosotros cuando narra sus cuentos.

  3. Hace muchos muchos años , en mi casa grande del pueblo, mi madre contaba largos cuentos de heroes y princesas, cavernas y mares que azotaban depeñaderos de rocas gigantes que se atrevian a tener su casa cerca del mar . Al pasar el tiempo he perdido la capacidad de contarlos, creo que nunca hemos superado la voz de mi madre. Quisiera iniciar nuevamente, retomando la construccion de los cuentos. Seré abuela y esa parte de mi vida quiero gozarla con mis nietos.

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