LOS PAPELINOS DE COLORES Y EL CICLÓN MÁGICO…


Yo estuve allí…

El pasado 29 de agosto se cumplieron 20 años de aquello. Con el subtitulo de principio de post quedaría bien definida esta vivencia. Parafraseando a Serrat, bien diría aquello de: “Fa vint anys que tinc trenta anys”… Hace unos días, el periódico “Hoy” publicó un artículo recordando el famoso concierto de la banda británica “Dire Straits” en Cáceres. Fue el sábado 29 de agosto de 1992, dentro de la tremenda vorágine de actos y fastos que se llevaron en este pais durante ese año. Expo 92, Barcelona 92, Extremadura Enclave 92, etc. etc. Toda aquella explosión de alegría colectiva que meses mas tarde desembocó en la tremenda depresión que causó la crisis del 93. Para aquel entonces residía yo en Plasencia (Cáceres) y había agotado el divino tesoro de los ventitantos, aunque luego vino otro tesorazo de los taintantos. Salieron a la venta las entradas a primeros de mayo, con lo que éste que suscribe, el día 4 de mayo ya tenía dos entradas en su poder para cuando llegara el momento, hacer uso y disfrute de una de ellas y otra para cualquier persona que en esos días pudiera acompañarme. Como ya digo, el año 92 estuvo plagado de incidencias de uno y otro tipo en mi vida. Una de ellas fue que para el mes de junio, concretamente durante los días en que transcurría la feria de la ciudad, me comunicaron por sorpresa que tenía que desplazarme a trabajar durante 70 días a Sevilla con motivo de la Expo 92. Por lo que iba a estar fuera de mi domicilio desde el 11 de junio hasta el 20 de agosto. De todas maneras me iba a dar tiempo a llegar para asistir al concierto por lo que no tendría que variar mis planes de cara a esas fechas, pero a su vez pensé que tanto tiempo con las entradas en la cartera y de cara a los avatares que me pudieran suceder en ese tiempo, lo mejor sería dejar las entradas guardadas en mi casa hasta mi regreso de Sevilla, reduciendo así de esa manera las posibilidades de extraviarlas. El preciado tesoro debía ser guardado en el lugar más oculto de mi casa, no fuera a ser que a los “cacos” se les ocurriera entrar en mi humilde morada y lejos de llevarse la tele, el equipo de música y otros enseres que pudieran ser de valor, se les ocurriera encontrar las entradas del concierto de los “Dire Straits” y se las llevaran. Me importaba más en aquel momento esos dos trozos de papel que todo lo que pudiera tener de valor en mi casa. Encontrado el lugar seguro para esconder el tesoro, debajo de las mantas de invierno que se encontraban en un pequeño trastero detrás de una puerta de una de las habitaciones, quedaron a salvaguarda de los “cacos” que para qué, pensé yo, iban a mirar debajo de unas mantas que se veía que eran mantas simplemente…

En aquellos tiempos mi madre contaba con veinte años menos. Había sido toda su vida una mujer muy activa y trabajadora, tanto que incluso entre mi hermana y yo la denominábamos de forma cariñosa como “el ciclón mágico” en alusión a un limpiador de moda del momento y por el brío que empleaba en limpiar todo lo que se le ponía a mano, es decir nuestras habitaciones. Cada vez que entraba en ellas “a saco”, podía arrasar con todo papel mal colocado que se encontrara en tu mesa y era posible que jamás volvieras a encontrarlo. Podías perder de inmediato el número de teléfono apuntado en un papel de una chica a la que acababas de conocer y que por supuesto ibas a llamar el fin de semana siguiente. Esto hoy en día suena raro, pero en aquellos tiempos lo más parecido a un teléfono móvil era una maleta que solían llevar los ejecutivos con una batería enorme, un teléfono con un cable unido a la maleta y que costaba medio millón de pesetas. Por supuesto inalcanzable para el común de los mortales de la época. La mujer en cuanto se enteró de mis planes futuros, se ofreció enseguida para pasar por mi casa durante mi ausencia y darle una vuelta, de paso limpiarla y así para cuando yo llegara de Sevilla, la tendría en perfecto estado de revista como se dice en el ámbito militar. Así ocurrió y efectivamente como ella contaba con llave de mi casa, se desplazó desde Madrid  a Plasencia, lo dejó todo como los chorros del oro y de paso estuvo unos días que aprovecho para visitar a mi tía Paca que en aquellos momentos vivía tiempos difíciles por una desgracia familiar.

De regreso en Plasencia y después de haber vivido unos momentos intensos en la Expo, retorné a mi actividad normal durante un tiempo que iba a ser corto pues era cierto que a partir de primeros de septiembre, disfrutaría de un largo mes de vacaciones que unido a los días anteriormente vividos en Sevilla acabarían haciendo del largo y cálido verano del 92, uno de los momentos mas intensos de mi vida. Llego el momento de rescatar el preciado tesoro de debajo de las mantas. Introduje la mano bajo ellas y enseguida la ausencia de las entradas en el lugar en que yo las había depositado. No podía ser, estaba seguro que las había dejado en aquel lugar, pero ahora no estaban allí. El nerviosismo se apoderó de mi enseguida y rápidamente comencé a retirar las mantas y todo lo que había en la estantería. ¡No estaban! Hice lo mismo con todas las estanterías del trastero y… ¡no estaban! Inmediatamente me dirigí al teléfono y marqué el número de mi madre. La primera pregunta fue directa: -Tú cuando has estado limpiando en mi casa, ¿Has limpiado en el trastero?. La respuesta fue clara y contundente: -Claro, ahí es donde más mierda tenías… -¿Y has visto unas entradas que había bajo las mantas?… esta vez contesto con pregunta: -¿Unos papelinos de colores que estaban allí to arrugáos?… -Si, esos… – ¡Pues los tiré!… ¿Pero cómo se te ocurre…? A partir de ahí ella empezó a soltar su “batería antiaérea” tan típica de las madres con aquello de: “No, si encima que una se mata a trabajar para tenerte la casa limpia”, “Encima desagradecido”, bla, bla, bla… En esos momentos solo me quedaba colgar el teléfono y comenzar a proferir toda clase de improperios, eso sí, en mi absoluta soledad que seguro aquel momento no pasó desapercibido para mis vecinos.

No había prácticamente tiempo de respuesta ante aquel descalabro en mis planes de tanto tiempo. A la vez, la radio hacía de las suyas con noticias sobre el evento y sobre todo que las entradas para el susodicho concierto estaban a 25.000 pelas en la reventa, con lo cual mi cabreo aumentaba minuto por minuto, con la certeza de que me había quedado como por arte de birlibirloque sin concierto después de haberlo planeado con tantos meses de antelación.

Admitida con el paso del tiempo, es decir unas horas más, la cruda realidad, mi mente fue adaptando mi conformidad con el hecho y asumí que ya no vería a los Dire Straits en Cáceres. Todo estaba acabado.

Al llegar el fin de semana y con un par de días libres por delante, me fui a pasar el finde al pueblo. Por aquel tiempo “la movida” estaba en la plaza Andrés Bozas o más popularmente conocida como la plazuela. Concretamente en “El Varela” que era el bar de moda y como tampoco había “botellón” ya que se consumía directamente en la calle a la puerta de los bares, pues el lugar estaba un sábado noche a reventar. Conversando entre grupo y grupo, de pronto mis parabólicas captaron algo… Una conversación de un grupo de al lado en la que podía escuchar que a un amigo, le habían invitado a una boda justo el día en que tocaba Dire Straits en Cáceres y “que putada” porque le había dado las mismas a otro amigo en común para que se las vendiera a la puerta del recinto. Inmediatamente me fui a buscar a éste, al que no tardé mucho en encontrar, le pregunté por las entradas que aún tenía en su poder, le pagué el precio de taquilla y con ellas en mi bolsillo discurrió el resto del fin de semana con tranquilidad y retorné a Plasencia para trabajar los días que me restaban hasta llegar el siguiente sábado que era el día “D”.

Todo el dispositivo previo se puso en marcha para el momento. Yo quedé en juntarme con mi hermana para la que fue el otro de “los papelinos” y otros amigos del pueblo que vendrían al concierto. Nos juntamos en casa de Mayte Fuentes, bajamos al “Tambo” que había junto a su casa y compramos los ingredientes necesarios para hacer “botellón” casero antes de irnos al concierto y “llevárnoslo puesto”. Fuimos en coche hasta “Los Castellanos” que fue el sitio donde aparcamos y de allí nos incorporamos a la gran fila de peatones que caminaban desde el interior de la ciudad hasta las inmediaciones del estadio “Príncipe Felipe”. Entramos en el recinto cuando ya llevaba discurrido gran parte del concierto de Cañizares que hacía las veces de telonero a petición expresa del mismísimo Mark Knopfler. El resto es ya parte de la memoria que uno almacena de esos días de gloria en los que el “divino tesoro” de cada cual se encuentra en su apogeo. Memoria colectiva de una generación también que asistimos al descorche de unos actos y fastos que envolvieron al país entero durante un tiempo. Y luego… El bajón de la fiesta pasada, de lo acabado, de lo gastado y del fin de los sueños. La realidad de la crisis del 93 estaba a la vuelta de la esquina y justo al volver nos encontró. Pasó el tiempo y nos recuperamos. Volvimos al burbujeo otra vez del subidón, a la ilusión del euro, a Europa, Maastrich, al tanto tengo tanto valgo, al los jóvenes “JASP”, otra vez a subir para de repente… “Crash” otra vez la puñetera crisis… ¿Es así la vida?, me temo que si, aunque de estas caídas cada vez tarda uno más en levantarse. Por ahora esa es mi experiencia vital y así os la cuento a día de hoy, mañana… no sabemos.

TITIRITEROS QUE NO HACEN HUELGA…


Hace unos días llegó a mi muro de contactos en facebook uno de los muchos enlaces que la gente cuelga en el suyo propio y que no se si consciente o inconscientemente hacen por compartir contigo sin pensar mucho en si a ti te gusta o no ese tipo de publicaciones que entiendo, se ajustan a la forma, manera de pensar o ideología de cada cual. El caso es que el referido enlace pertenecía a una publicación de uno de estos periódicos que hacen que “su razón” es la de todos y que poco le importa ajustarse a la realidad o no de la noticia, porque su veredicto ya está dictado. Dicha publicación llevaba como título: “Los titiriteros están en huelga”. Hacía alusión este artículo con reportaje de video incluido a la participación del actor Guillermo Toledo en un piquete informativo durante la jornada de huelga general acaecida en España el pasado 29 de marzo. El título del referido artículo denota cierta alusión en forma despectiva a este grupo de actores que estaban realizando esta jornada de huelga, derecho inalienable hasta ahora en este país nuestro. No voy a entrar a valorar más desde estas lineas el fondo político de la noticia, pero si me llegó a lo más profundo, el titular del artículo por el uso despectivo de la palabra titiritero.

Querido reportero, reporterillo o reporterete como diría en su tiempo un afamado periodista deportivo español, observo que tu respeto por ese arte tan misterioso y en cierto modo único como es el manejar títeres es nulo. Me imagino que por tu forma de escribir hace pensar que tampoco lo tendrás por todo aquello que no sea tu punto de vista ideológico, por lo que tampoco merece mucho la pena ahondar en ello. Seguramente, y si no, habrá sido una pena en tu vida, de pequeño alguna vez habrás asistido embobado a algún espectáculo de títeres o marionetas, pero si no lo has hecho, todavía estás a tiempo de pasar alguna mañana de domingo por el Retiro y disfrutar de ello. Los titiriteros mueven a sus muñecos con la ilusión de sorprender y agradar a un público más exigente de lo que te puedas imaginar. A un niño si no le gusta tu espectáculo no se va a cortar en decir que “vaya rollo” o enseguida ponerse a incordiar o simplemente si es en sitio abierto, abandonar el lugar. El titiritero realiza su función ajustándose a un guión que casi siempre acaba con un resultado satisfactorio o que agrada al espectador. Muchas veces este guión para los adultos incluso es hasta previsible, pero esto da igual cuando ves a tu hijo disfrutando de un momento en su vida que sabes que pasará y no volverá, la niñez.

Sin embargo hay otros titiriteros invisibles para la mayoría que no hacen huelga, que pasan sus días maquinando, orquestando y haciendo mover títeres con un arte extraordinario que hace sentir al mismo muñeco que él es una persona independiente, con pensamiento propio y totalmente dominador de sus propias decisiones. Son estos los que mueven los hilos del mundo. Deciden lo que va a imponerse, lo que es moda, las corrientes de opinión, las tendencias, los rumores interesados, las decisiones importantes que nos van a afectar a todos. Y ahí entras tú en juego, en su ruleta y con un cablecito invisible atado a tus dedos, mueven estos con precisión para ajustarse perfectamente a los teclados de tu PC y escribir tal y como a ellos le interesa. Luego tú, como entidad independiente lo firmarás y como estás muy seguro de que tu opinión es la que domina, hasta te sentirás orgulloso y te vanagloriarás de tus escritos ante tus compañeros que igualmente que tú forman parte del mismo teatrillo. Cuando alguna el titiritero se canse de ti, no te preocupes que te meterá en una maleta y si ha pasado tu momento, caerás en el olvido. Si tienes suerte y logras arrancarte tus hilos, a lo mejor acabas en otro teatrillo con titiriteros que manejan de otra manera y… ¡Vualá!, ahí estás tu otra vez escribiendo en tu ordenador con el mismo interés que antes pero en sentido contrario… Y así se irá escribiendo tu vida, hasta que un buen día sin que te des cuenta, ya no les servirás ni a unos ni a otros, se te soltará una patita y ya no te la repararán, simplemente irás al fondo de algún baúl en un viejo trastero y allí acabarán tus días. Si tienes suerte, al cabo de los años puede que algún niño inquieto de esos que rebuscan entre los enseres viejos de los trasteros, te encuentre y trate de recuperarte, pero lo más seguro es que no le des ya lo mismo que su “Play”, su “Wii” o su “Nintendo DS” y acabarás roto para siempre.

Yo me quedo con mi “Getulio”, “Encho” o “Criaturilla” que siguen aguardando pacientemente dentro de la maleta y siempre dispuestos a salir e interpretar un guión amable con el que disfrutan mis pequeños espectadores y sus padres viendo las caras de expectación con sus ojos abiertos como platos. Yo habitualmente no me doy cuenta de ello hasta que me llegan fotos de eventos y puedo disfrutar viendo sus caritas.

Manu Alburquerque… titiritero ocasional.

Amy no es Janis


El 23 de julio pasado, falleció en Londres la cantante Amy Winehouse. Sin las causas exactas de su fallecimiento esclarecidas a día de hoy, tal vez el consumo masivo de alcohol en combinación con medicamentos que pudiera tomar, la realidad es que fue encontrada muerta en su domicilio a los 27 años de edad. Durante los días posteriores al hecho, todo un río de artículos en todos los periódicos del mundo se hicieron eco de la noticia. Al hilo de ella aparecieron también toda una serie de artículos y comentarios al respecto en los cuales se comparaba la figura de Amy con la de la excepcional Janis Joplin. La coincidencia de edad entre las dos y otros cantantes y músicos como Jim Morrison, Kurt Cobain, Jimy Hendrix, y Brian Jones, casi todos ellos pertenecientes a una generación en la que el exceso en el consumo de las drogas hizo estragos, llevó a la mayoría de los articulistas a comparar la creación musical de ambas.

Evidentemente en cuanto a la calidad o gusto por sus temas, eso ya es una cuestión personal de cada cual, yo no puedo ocultar mi preferencia por Janis Joplin de la que tengo casi todos sus discos, muchos de ellos en vinilo y cuya voz susurrante me hace saltar lágrimas muchas veces a pesar de no tener ni mucha idea de inglés. Esto en realidad es igual cuando escucho a Amy porque tampoco entiendo ni papa. Es lo que tiene nuestra generación de españolitos que acostumbramos nuestros oídos musicales oyendo cantar en “guachi guachi”. En cuanto a la cantidad, no hay color, Janis produjo muchos más hits a lo largo de su carrera que Amy, eso está ahí y son números. Independientemente de la mayor llegada al público de todo el mundo, pues pienso que hoy en día es mucho más fácil llegar a ser conocido o conocida debido a la gran profusión de medios de comunicación que en los años 60 en que llegabas, sobre todo a España con mucho retraso respecto a en cuando estaba sucediendo.

Pero el fondo de mi artículo no es ese, el comparar si una fue mejor o mas prolífica que otra en cuanto a creación artística. Cuando el común de estos hechos es la muerte prematura en parecidas circunstancias, con el trasfondo del abuso o consumo excesivo de sustancias nocivas para la salud, digamos alcohol o drogas, el hecho diferencial entre ambas es la época en que se produce. La muerte de Janis Joplin ocurre al principio de la década de los años 70, con un camino iniciado en la anterior donde se produjo la gran eclosión del rock y el despertar de toda una generación a una libertad que años atrás se encontraba encorsetada por una represión producto de las costumbres sociales y vivir de cara a que pensaban los demás de ti. Los entonces jóvenes descubrían que tan solo con dejarse el pelo largo y vestir ropas diferentes o “no bien vistas”, iban a contracorriente provocando la indignación de “los carcas”. A todo esto se unió el consumo de drogas hasta entonces no consumidas mayoritariamente, si bien alguna de ellas eran utilizadas en prácticas sanitarias y a lo mejor consumidas en menor número por personal que si tenía acceso a ellas. Pero lo que si se desconocía era la consecuencia que esto iba a tener en el futuro como posteriormente pasó con la llamada generación del “baby boom” nacida en los años 60 y posteriores. Muchos de aquellos jóvenes emularon a las estrellas en cuanto al consumo de alcohol y drogas se refería. Era estar en el rollo con el famoso y tan pernicioso eslogan: “Sex, drugs and rock and roll”. Por el camino han quedado miles, tal vez millones de jóvenes que en su día se iniciaron en el consumo de las drogas y consecuencia de ello, directa o indirectamente por enfermedades terminales contraídas por los hábitos de consumo. O también por exceso, sobredosis o por alteración de sus manipuladores hasta convertirlas en un veneno.

Quien más quien menos de los que nacimos en la década de los 60, se ha dejado por el camino unos cuantos amigos de la infancia como consecuencia de esto. Es más, coincidiendo la llegada a la época juvenil coincidiendo con el final de una dictadura 40 años, la transición democrática en España y la movida de los años 80 contribuyeron a ello con mucha confusión. La despenalización del consumo indujo a muchos a entender como una especie de autorización al consumo y al manejo de las mismas con cierta familiaridad. Era estar en el rollo, el ser “enrollao”, el coleguismo, el ver en las pelis de moda todo un desparrame de porros, jeringuillas, papelinas en una ensalada aderezada con una especie de heroísmo marginal en que los delincuentes pasaron a ser estrellas a seguir y loados en canciones de moda cuyo estribillo sabía toda la población.

A todo esto, la información sobre el consumo de drogas y sus consecuencias, era inexistente. Cada cual tenía la suya, la que aprendía en el barrio, la que llegaba a los pueblos casi siempre portada por los que venían de vacaciones procedentes de la ciudad que poco a poco fue calando en la población juvenil de los pueblos. Así, en unos años comenzó a verse de  manera masiva el resultado de todo esto. Esos jóvenes “enrollaos” empezaron a ser marginales debido a la drogodependencia que les hacía delinquir. Empezaron a ser conocidos por “Yonkis”. A deambular de un lado a otro como zombies y a ser unos excluidos sociales, los que se salvaron de la muerte que se llevó por delante a una gran parte de esa generación.

Por eso digo que Amy no es Janis, porque a diferencia de los jóvenes contemporáneos e inmediatamente posteriores a la cantante americana, los de hoy en día, si han tenido información. Aparte de ver con sus propios ojos como han acabado los otros, han tenido todo tipo de campañas publicitarias en todos los medios, han podido hablar de ello sin obstáculo con padres que a la vez son conocedores de primera mano de todo lo ocurrido anteriormente en este campo, con profesores, tutores, asociaciones juveniles etc. etc. Por eso no puedo entender que a día de hoy, sigan metiéndose en el cuerpo todo tipo de drogas, ya sean duras o blandas, a mi eso me da igual, la droga droga es. Incluso se llega a probar con sustancias como el estramonio, una hierba salvaje que crece en cualquier páramo y que por ello puede estar al alcance de cualquiera de forma gratuita. Es como si ahora de repente que todo se ha encarecido por motivo de la crisis, probamos a buscar sustancias más baratas y para adentro, de cualquier manera, sin conocimiento. Quizá sea este, otro tipo de adictos. No tan visibles al exterior como han sido los yonkis, debido al deterioro físico que produce la heroína, pero lo que sigue habiendo es un goteo incesante  de personas con dependencia que llegan a los centros de tratamiento. Por eso Amy no es Janis, porque tal vez, si concluyan aquí algunas coincidencias que se podrían analizar una a una, pero quizá la mayor, es la capacidad auto destructiva que tiene el ser humano, y que me hace pensar, que a pesar de la diferencia temporal y circunstancial entre ambas generaciones, el resultado al cabo de cuarenta años, es que sigue habiendo un buen número de jóvenes, que al llegar a esa edad peligrosa que es la adolescencia, inician un mismo camino, hacia un lo que suele ser un mismo final… su propia destrucción. Pero no quiero desde aquí, caer ni hacer caer a los lectores en el desánimo de que todo está como está. También conozco historias felices de amigos que han vivido esta negra etapa, que con enorme fuerza de voluntad, y sobre todo, con el apoyo inestimable de la familia y de instituciones, han conseguido salir adelante. Por tanto, animo desde aquí a quien esté viviendo situaciones de este tipo, a intentarlo todo, a hablar con sus hijos, pero para esto si que es necesario una cosa: Ver el problema, darse cuenta de la realidad y hacerle frente. El principal problema de muchos padres ha sido siempre esa frase lapidaria: “No, mi hijo no”. Creer que los problemas de sus hijos ha sido culpa siempre de los demás… Ese es el primer obstáculo a vencer cuando te empiezan a llegar las evidencias, tomarlas en serio y actuar.

Para cerrar el post, simplemente os diré que me importaría mucho contar con vuestras opiniones al respecto. No se prodigan los comentarios en este blog y eso es lo que realmente alimenta este tipo de publicaciones. Os diré también de paso, que aunque ellas no estén entre nosotros, nos dejarán su música como legado y de la cual disfrutaremos para siempre. Y de ellos y ellas, las que no han sido famosos, pero que han estado entre nosotros pero se nos han ido jóvenes en parecidas circunstancias, os diré que para mí, como imagino que al igual vosotros, siempre estarán en mi recuerdo. Les recordaré riendo, en esos momentos buenos que nos dimos en los primeros años de juventud y disfrutando de la vida. Es con lo que me quedo.

¡Cuanto tarugo!


Por motivos familiares, este caluroso verano lo estoy pasando mayormente en Madrid, limitando mis escasos viajes a alrededores cercanos, dijéramos a una prudencial distancia del centro del país. En ello andaba yo disfrutando de un par de días de fin de semana en Tordesillas  (Valladolid), cuna del Tratado y tierras de Juana “La Loca” e Isabel de Castilla. Sentado en una terraza a orillas del río Duero, con vistas espectaculares del puente y parte monumental de la ciudad, con el acompañamiento del trinar de los pájaros y el suave murmullo del agua descendiendo el muro de un azud me entregué a uno de los que para mi es de los mejores placeres del día: desayunar al aire libre leyendo tranquilamente la prensa del día, por cierto ese día con el extenso relato de los sucesos provocados por el maníaco de Oslo, totalmente abstraído en la sucesión de locuras que pueden pasar por la mente de un criminal que curiosamente está totalmente convencido de que lo que está haciendo es lo debido. Con su razón por delante y pensando en que lo que está llevando a cabo es lo correcto, un individuo así es capaz de acabar con la vida de cientos de personas sin inmutarse. Es su guerra y está cumpliendo con el deber del soldado… Estas situaciones merecerían comentario en exclusiva, pero no es a ello a lo que yo quiero dedicar mi artículo.

Mientras leía, se sentaron en la mesa contigua a la mía varios miembros de una familia. Una familia tipo, compuesta por un padre, una madre, algún cuñado suelto y dos o tres niños que se disponían a hacer lo mismo que yo: desayunar, imagino que disfrutando al igual que yo del frescor de la mañana pues a mi me gusta madrugar y a esas horas en verano es cuando mejor se está en la calle. Toda esta situación no hubiese sido merecedora de comentar por mi parte a no ser como así ocurrió, vino a alterar en cierto modo mi tranquilidad y disfrute. Uno de los adultos varones comenzó a hablar en voz alta, cosa por otra parte habitual en muchos sitios, sin importarle en absoluto si molesta o no a las personas que tiene a su alrededor. Al mismo tiempo que pregonaba a los cuatro vientos sus intenciones de futuro con la comunión de alguno de sus hijos para el próximo año y ante la presencia de un grupo de ciclistas que en ese momento circulaba por la carretera que discurría enfrente de la terraza y se acercaba a una glorieta existente en el lugar, este individuo por llamarle de alguna manera, comenzó a pronunciar frases del tipo: ¡Míralos, ahí van… A ver si se los lleva un camión por delante!”, ¡No te jode, que se creen que la carretera es suya!… ¡Con estos acababa yo en cuatro días!. En mi interior comenzó a hervir la sangre. Tal vez por mi afición al deporte del ciclismo y tal vez influenciado por la gran cantidad de accidentes de este tipo que he presenciado en mi otrora vida profesional, el caso es que me costaba contenerme y como no, comprender como un individuo que al mismo tiempo que está hablando de celebrar un acto religioso tal vez importante en su vida, puede simultanear esto con el desear la muerte del prójimo,  tal como lo estaba haciendo con aquel grupo de ciclistas. No quedó ahí la cosa en lo que pudiera ser un comentario accidental, ya que minutos más tarde la presencia de otro ciclista circulando por el mismo sitio, volvió a sacar de sus adentros otra serie de comentarios del mismo tipo deseando igual suerte para esa persona que disfrutaba de un paseo una suave mañana de verano en una todavía solitaria carretera. Al mismo tiempo que observaba en el periódico la imagen de un tal Brievik vestido de marine templario que se acaba de cargar a casi cien personas, imaginaba lo que un “tarugo” español podría hacer si alguien depositara en sus manos un fusil ametrallador y simplemente ante la presencia de un nutrido grupo de personas que no fueran de su agrado… político, deportivo, cultural, o simplemente de “los suyos”, le aconsejara: “Cárgatelos” …

Esto no es si no más que una clara demostración del grado de intolerancia hacia los demás que hacen actividades que no son de nuestro agrado y por tanto los quitamos de en medio. “A mi como no me gustan los ciclistas, pues me los cargo”… “Estos como no comulgan como yo, pues fuera”… Así una y otra vez el ciudadano medio español se viene a reflejar perfectamente durante todos los tiempos en el famoso cuadro de Goya. Quede claro que yo en aquellos momentos tenía unas ganas enormes de levantarme y enfrentarme al “tarugo”, con lo cual ya la tendríamos liada en aquella tranquila terraza y en una apacible mañana de verano. Y así se repetirán a lo largo de tu vida situaciones similares que se darán en lugares varios puesto que este tipo de “tarugos” se repetirán a lo largo de tu vida y oirás como el de la mesa de al lado con su mala educación de costumbre, vociferará sus gustos e ideales propios a costa de “cagarse” en tus… o en los que… o en ideas que son las tuyas y una y otra vez te verás en la provocación y sentirás las ganas enormes de agarrar el otro mazo, enterrarte con él hasta las rodillas a una distancia de mas o menos un metro y empezar a repartir y a recibir mazazos hasta la extenuación en que seguramente uno u otro, o tal vez los dos, caeréis abatidos ante la atónita mirada de quienes os rodean y que a su vez expresarán seguramente su opinión: ¡PERO CUANTO TARUGO!

La crisis de los burros…


Hace ya unos meses encontré este artículo en un blog de “Tortuga, grup antimilitarista de Elx” en el que se reflejaba de una forma muy clara la situación que estamos viviendo. Lo alojé en la columna de enlaces que se encuentra en la parte derecha del blog para que a quien le interesara le pudiera echar un vistazo. Me consta que la barra de enlace de los blogs no suele ser muy visitada entre otras cosas porque si hay gran variedad, el visitante pincha seguramente en un enlace que le interese y habitualmente suele pasar de largo y centrarse en lo que es el núcleo principal del blog. Por tanto he decidido trasladar este artículo a una entrada nueva del blog para para ponerlo a disposición de los lectores del mismo. Al final del artículo insertaré mi opinión personal sobre el mismo y por supuesto espero que si os apetece, dejéis vuestras opiniones en los comentarios del mismo.

DEUDAS y BURROS

Se solicitó a un prestigioso asesor financiero que explicara esta crisis de una forma sencilla, para que la gente de a pie entienda sus causas.

Este fue su relato:

Un señor se dirigió a una aldea donde nunca había estado antes y ofreció a sus habitantes 100 euros por cada burro que le vendieran.

Buena parte de la población le vendió sus animales.

Al día siguiente volvió y ofreció mejor precio, 150 por cada burrito, y otro tanto de la población vendió los suyos.

Y a continuación ofreció 300 euros y el resto de la gente vendió los últimos burros. Al ver que no había más animales, ofreció 500 euros por cada burrito, dando a entender que los compraría a la semana siguiente, y se marchó.

Al día siguiente mandó a su ayudante con los burros que compró a la misma aldea para que ofreciera los burros a 400 euros cada uno.

Ante la posible ganancia a la semana siguiente, todos los aldeanos compraron sus burros a 400 euros, y quien no tenía el dinero lo pidió prestado. De hecho, compraron todos los burros de la comarca.

Como era de esperar, este ayudante desapareció, igual que el señor, y nunca más aparecieron.

Resultado:

La aldea quedó llena de burros y endeudados.

Hasta aquí lo que contó el asesor. Veamos lo que pasó después:

Los que habían pedido prestado, al no vender los burros, no pudieron pagar el préstamo.

Quienes habían prestado dinero se quejaron al ayuntamiento diciendo que si no cobraban, se arruinarían ellos; entonces no podrían seguir prestando y se arruinaría todo el pueblo.

Para que los prestamistas no se arruinaran, el Alcalde, en vez de dar dinero a la gente del pueblo para pagar las deudas, se lo dio a los propios prestamistas. Pero estos, ya cobrada gran parte del dinero, sin embargo, no perdonaron las deudas a los del pueblo, que siguió igual de endeudado.

El Alcalde dilapidó el presupuesto del Ayuntamiento, el cual quedó también endeudado. Entonces pide dinero a otros ayuntamientos; pero estos le dicen que no pueden ayudarle porque, como está en la ruina, no podrán cobrar después lo que le presten.

El resultado: Los listos del principio, forrados. Los prestamistas, con sus ganancias resueltas y un montón de gente a la que seguirán cobrando lo que les prestaron más los intereses, incluso adueñándose de los ya devaluados burros con los que nunca llegarán a cubrir toda la deuda. Mucha gente arruinada y sin burro para toda la vida. El Ayuntamiento igualmente arruinado.

En nuestro caso, el señor y ayudante están encarnados claramente en nuestros “estupendos” grandes constructores con sus “estupendos” ayudantes (políticos, banqueros, profesionales del sector inmobiliario, etc…) que agarraron la pasta y… “vualá”… desaparecieron del espectro social como si se los hubiera tragado la tierra. Atrás quedaron los auto proclamados “inversores” que optaron en su día por invertir sus ahorros y lo que no tenían en un valor en alza como era la compra de pisos. Nombres como Fernando Martín, Francisco Hernandez (El pocero), constructoras como “Fadesa”, “Martinsa”, “Tragalia”, “Urbasa”, Vivasa” etc. etc… otros nombres anónimos utilizados como “hombres de paja” se instalaron en el imaginario de la gente que día tras día seguía leyendo en los diferentes diarios de todas las ideas, noticias sobre la bonanza económica de un país que crecía al ritmo de un 8%, jactándose nuestros políticos de ser la locomotora de Europa mientras Alemania “solo” crecía a un ritmo de 1%.

Se que muchos lectores de este blog son de países de el otro lado del charco. Países de habla hispana que actualmente son considerados como “economías emergentes” y al que han ido a parar numerosas empresas refundadas por alguno de nuestros “estupendos” constructores inversores que igualmente se han instalado en algunos países centroeuropeos como Rumanía, Hungría, Bulgaria… que ahora están recibiendo fondos de la Unión Europea y por tanto son terreno abonado para inversiones, comisiones, transferencias, movimientos monetarios de todo tipo y por tanto buenos lugares para vender “sus burros” otra vez. No se trata de “acojonar” al lector o lectora de estos sitios, pero quien avisa no es mal amigo. Esta gente volverá a su forma de hacer y por supuesto regalarán trajes, viajes en forma de convenciones y otras dádivas por aquí y por allá para lograr el favor de los “ayudantes” de turno que muchas veces de forma consciente y otras no, contribuirán a colocar los burros donde han de estar colocados: En mano de los “inversores” que verán como todo a su alrededor se llena de oropel y lujo y confiará en que el enriquecimiento de su país es el suyo propio… ¿acaso es esto una ilusión?…

Lo curioso es como se instala en el subconsciente de cada uno la justificación a cualquier hecho con tal de que va bien para sus propios intereses. Esto es quizá lo que explica como en aquellos sitios donde los corruptos han hecho de las suyas, vuelve a ganar el partido que los auspicia. Y me da igual porque en este apartado hay para todos los colores, los hechos están ahí, en los recientes resultados electorales tenemos la mejor muestra. Justificamos los medios empleados para conseguir el fin en el que confluyen nuestros intereses personales y por añadidura familiares, de amigos etc. etc.  Incluso dejamos atrás viejas amistades porque ahora piensan diferente a nosotros, “porque están en el otro lado”. Nosotros seríamos capaces de pelearnos con los nuestros por conseguir que “nuestros burros” sean los más válidos y sobre todo por lo bien que nos va a ir con ello. Sin embargo cuando llegue el momento, estos señores como hábiles magos, imitarán al gran Houdini y desaparecerán en el momento adecuado para aparecer entre bastidores, porque eso sí, nadie se evapora y desaparece para siempre. Mientras tanto nosotros, como burros nos estaremos peleando con los de al lado y cuando nos demos cuenta estaremos dando palos de ciego, aturdidos, preguntándonos por como pudo pasar eso y en definitiva con nuestros burros sin valor y lo que es peor con heridas incurables para los restos.

Hacia la alegría por mis cuentos tristes…


Bajo este título estrenaré el próximo Viernes 11 de marzo a las 21’00 horas un nuevo formato de sesión de cuentos especialmente montado para una sala de teatro. Es mi apuesta particular para llevar la narración oral a una sala de teatro. Con medios técnicos como los que puede disponer una sala, se hace del todo necesario montar un espectáculo diferente a lo que pueda ser una sesión de narración oral convencional. Utilizar la iluminación y el sonido adaptando una serie de fragmentos musicales a cada historia que voy presentando haciendo por ello que las entradas y salidas de cada historia se vean acompañadas y en algunos momento el texto bajo el cual sonará durante un tiempo una melodía que nos sugiere de esta forma vivir con más intensidad las sensaciones que transmiten las palabras. La sesión se desarrollará en una linea ascendente, comenzando con unos textos profundos y melancólicos para en un momento dado girar hacia el humor para acabar con la integración del público en el final del acto. No solo he tratado de integrar música e iluminación, ya que la presentación y exposición de la misma será bajo un guión teatralizado que por ello la hace ser diferente. En la  puesta en escena, el narrador integrará al público como un elemento más de la escenografía como bien se indica en la sinopsis, pero  tampoco quiero desvelaros más detalles de la sesión para que de algún modo os pueda sorprender más.

Sinopsis: Como en esas malas noches en las que un vino te acompaña para olvidar… La sesión comienza así: Tómate un vino con el narrador y recorre la noche con los cuentos tristes… en un momento dado, cuando el alcohol hace su efecto, las penas son menos penas y empieza a tornarse en alegría. Un giro en los relatos te hará reír por fin con los personajes surrealistas que van surgiendo de cada historia. La música acompañará al texto en momentos determinados para introducirte y sacarte del mismo. Acabarás participando en una loca carrera en la cual el malo ganará al bueno al ritmo del “Heavy” más duro… Seis o siete historias componen el repertorio elegido para esta sesión, ensambladas con otros tantos fragmentos musicales adaptados a cada una de ellas. Llorar y reír, esa es la cuestión…

Por tanto os espero el próximo 11 de marzo en Plot Point para sentir y vivir juntos estas historias. A partir de aquí, tendré más fechas en la misma sala de las que os iré dando noticias cuando se vaya aproximando la fecha. Por ahora tengo confirmados los próximos 12, 19 y 26 de mayo, es decir que son cuatro las sesiones programadas hasta ahora y espero en un futuro pueda ir ampliando el número de ellas.

 

Una tarde con “los niños malitos”


Durante un tiempo en el que me han acontecido una serie de hechos de los que muchos lectores de este blog han estado al corriente, vuelvo a ir a contar cuentos al hospital infantil “Niño Jesús” de Madrid. Son ya con esta, varias las veces que he estado contando mis cuentos en este lugar. Siempre que voy me gusta referirme a este público especial nombrándolos con cariño como: “Los niños malitos”. Hace ya algunos años que fui por allí la primera vez. Me advirtieron que no es fácil y que puede llegar a afectarte sentimentalmente el estado que pueden presentar algunos de los internados en este centro. Tengo que decir que ni la primera ni ninguna de las veces que he estado, para mí ha supuesto trauma alguno. Todo lo contrario, como una sucesión de sensaciones que podríamos definir como: cargarse las pilas. Siempre recordaré algunos momentos como los más entrañables de mi vida. Uno de estos fue cuando me senté justo al borde del escenario con Getulio, mi duende estrella, de pie sobre el mismo y junto a mi. Enfrente una preciosidad rubia de ojos claritos, de aproximadamente unos 6 años y que cubría su boquita y nariz con una mascarilla higiénica. Se estableció un hilo comunicativo entre los tres que centró la atención de todos los niños que había alrededor. Llegado un momento solo existían ella y Getulio. Todos los demás estábamos siendo ignorados y su conversación era íntima y directa. Cada vez que ella sonreía, la comisura de sus labios parecía salirse de los márgenes establecidos por la mascarilla. Sus ojos se iluminaban cada vez más y la sonrisa no vista en su totalidad pudiera calificarse como “la sonrisa perfecta”. Mientras tanto, sus familiares no podían sostener el progresivo abrillantamiento de sus ojos hasta desprender unas lágrimas que rápidamente impedían que recorrieran sus mejillas.

Así, una y otra vez podría enumerar una buena cantidad de anécdotas que me han ido sucediendo en las diferentes visitas que he girado a este lugar. Además esto me ha brindado la posibilidad de conocer gente buena que se encarga de hacer felices a los demás. Gente como Mariano o Rafa, dos enfermeros que se encargan de la coordinación de actividades, como Juan, “El cocinero de los cuentos” que con su cocina llena de cuentos, recorre las habitaciones donde se encuentran niños que tienen la imposibilidad de bajar al teatrillo y a los que suele regalar una cuchara que él personalmente se encarga de realizar en madera. Los chavales anónimos de “Voluntarios sin fronteras” que realizan actividades con los niños durante y después de las sesiones del teatrillo y como nó, de padres, madres, abuelas, abuelos, hermanos y amigos que se dan cita una tarde de sábado o domingo para acompañar a sus pequeños más queridos. Después de la sesión llega el momento de recoger y salir de las instalaciones y ahí es donde he sentido la gratificación de haber hecho pasar un buen rato a todos esos espectadores especiales. De la forma en que los familiares te agradecen lo que has hecho, te hace emocionarte porque en sus rostros se palpa la sinceridad del agradecimiento, o cuando una abuela te sujeta por el antebrazo y te planta dos besos emocionados hace que solo su recuerdo a la hora de escribir estas lineas, consiga emocionarme y se me acabe soltando alguna lágrima. Me temo que nosotros que actuamos delante de ellos con la intención de curar su ánimo, realmente somos quienes acabamos siendo curados en lo más profundo del alma. Tal vez esa sea la necesidad que por lo menos yo tengo de pasar cada cierto tiempo a estar con mis “niños malitos”. No se me malinterprete este calificativo que utilizo para referirme a ellos, pues lo digo con el cariño más profundo que puedo sacar de mi interior y por supuesto que no quisiera que jamás esto pudiera ofender a algún familiar que se encontrara en esta situación.

Allá me dirigiré el domingo por la tarde y compartiré escenario con otra chica que va a hacer títeres. Alguno o alguna de los o las artistas que pasan por el teatrillo, son antiguos residentes que han estado hospitalizados en su día en el Niño Jesús y que si se están dedicando a cualquier actividad artística suelen pasar con periodicidad a actuar en el teatrillo. La última vez que estuve por allí actuó también un mago que tendría 12 o 13 años y se encontraba en pleno proceso de formación. También había sido residente. No en vano para actuar en este lugar debes ponerte previamente en contacto con los coordinadores y ellos ya te darán fecha que suele ser al cabo de uno o dos meses, ya que normalmente la agenda la suelen tener apretada.  Un abrazo lectores y lectoras…