Romance del rey Ramiro


Ya se asienta el rey Ramiro,

ya se asienta a sus yantares,

los tres de sus adalides

se le pararon delante:

al uno llaman Armiño,

al otro llaman Galvane,

al otro Tello, lucero,

que los adalides trae.

-Mantengaos Dios, señor.

-Adalides, bien vengades.

¿Que nuevas me traedes

del campo Palomares?

-Buenas le traemos, señor,

pues venimos acá;

siete días anduvimos

que nunca comimos pan,

ni los caballos cebada,

de lo que nos pesa más,

ni entramos en poblado,

ni vimos con quien hablar,

sino siete cazadores

que andaban a cazar.

Que nos pesó o nos plugo,

hubimos de pelear:

los cuatro de ellos matamos,

los tres traemos acá

y si lo creéis, buen rey,

si no, ellos lo dirán.

Romance de la loba parda


Romance pastoril de Extremadura, desde donde los pastores trashumantes lo propagaron por ambas Castillas.

Estando yo en la mi choza

pintando la mi cayada

las cabritillas altas iban

y la luna rebajada;

mal barruntan las ovejas,

no paran en la majada.

Vide venir siete lobos

por una oscura cañada,

venían echando suertes

cuál entrará a la majada;

Le tocó a una loba vieja

patituerta, cana y parda,

que tenía los colmillos

como puntas de navaja.

Dio tres vueltas al redil

y no pudo sacar nada;

a la otra que dio

sacó la borrega blanca,

hija de la oveja churra

nieta de la orejisana,

la que tenían los amos

para el domingo de Pascua.

¡Acá mis siete cachorros,

acá perra trujillana,

acá perro de los hierros,

a correr la loba parda!

Si me cobráis la borrega,

cenaréis leche y hogaza,

y si no me la cobráis,

cenaréis de mi cayada.

Los perros tras de la loba,

las uñas se esmigajaban;

la corrieron siete leguas

por unas tierras aradas.

Al subir un cotarrillo

la loba ya va cansada:

-Tomad perros la borrega

sana y buena como estaba

-No queremos la borrega

de tu boca alobadada,

que queremos tu pellejo

pa’ el pastor una zamarra;

el rabo para correas,

para atacarse las bragas;

de la cabeza un zurrón,

para meter las cucharas;

las tripas para vihuelas,

para que bailen las damas.

Romance de amor


En el tiempo que me vi

mas alegre y placentero,

encontré con un palmero

que me habló y dijo así:

-¿Dónde vas, el caballero?

¿Dónde vas, triste de ti?

Muerta es tu linda amiga,

muerta es, que yo la vi;

las andas en que ella iba

de luto las vi cubrir,

duques, condes la lloraban

todos por amor de ti;

dueñas, damas y doncellas

llorando dicen así:

-¡Oh triste del caballero

que tal dama pierde aquí!

Compañero, compañero…

-Compañero, compañero,

casóse mi linda amiga,

casóse con un villano,

que es lo que más me dolía.

Irme quiero a tomar moro

allende la morería,

cristiano que allá pasare

yo le quitaré la vida.

-No lo hagas, compañero,

no lo hagas, por tu vida.

De tres hermanas que tengo

darte yo la más garrida,

si la quieres por mujer,

si la quieres por amiga.

-Ni la quiero por mujer,

ni la quiero por amiga,

pues que no pude gozar

de aquella que más quería.

Romance del rey don Pedro el Cruel (2ª parte)


Doña María de Padilla,

no os me mostredes triste, no

que si me casé dos veces,

hícelo por vuestro amor,

y por hacer menosprecio

a doña Blanca de Borbón.

Envió luego a Sidonia

que me labren un pendón,

será de color de sangre,

de lágrimas su labor;

tal pendón, doña María,

se hace por  vuestro amor.

Fue a llamar a Alonso Ortiz,

que es un honrado varón,

para que fuese a Medina

a dar fin a la labor.

Respondiera Alonso Ortiz:

-Eso, señor, no haré yo,

que quien mata a su señor

es aleve a su señor.

El rey no le dijo nada,

en su cámara entró

enviara dos maceros,

los cuales él escogió.

Estos fueron a la reina,

halláronla en oración.

La reina como los vido

casi muerta se calló.

mas después en si tornada,

con esfuerzo le habló:

-Ya sé a qué venis, amigos,

que mi alma lo sintió;

y pues lo que está ordenado

no se puede excusar, no.

Di, Castilla, ¿qué te hice?

No por cierto, no traición.

¡Oh Francia mi dulce tierra!

¡Oh mi casa de Borbón!

Hoy cumplo dieciséis años

en los cuales muero yo;

el rey no me ha conocido,

con las vírgenes me voy.

Doña María de Padilla,

esto te perdono yo;

por quitarte de cuidado

lo hace el rey mi señor.

Los maceros le dan priesa,

ella pide confesión:

perdónalos a ellos,

y puesta en contemplación

danle golpes con las mazas:

así la triste murió. 

Romance del rey don Pedro el Cruel (1ª parte)


Por los campos de Jerez

a caza va el rey don Pedro;

en llegando a la laguna,

allí quieso ver un vuelo.

Vido volar uan garza,

disparóle un sacre nuevo,

remontárale un neblí,

a sus pies cayera muerto.

A sus pies cayó el neblí,

túvolo por mal agüero.

Tanto volaba la garza,

parece llegar al cielo.

Por donde la garza sube

vio bajar un bulto negro;

mientras más se acerca el bulto,

más temor le va poniendo,

con el abajarse tanto,

parece llegar al suelo,

delante de su caballo,

 a cinco pasos del trecho;

De él salió un pastorcico,

sale llorando y gimiendo,

la cabeza desgreñada,

revuelto trae el cabello,

con los pies llenos de abrojos

y el cuerpo lleno de vello;

en su mano una culebra,

y en la otra un puñal sangriento;

en el hombro una mortaja,

una calavera al cuello;

a su lado, de traílla,

traía un perro negro,

los aullidos que daba

a todos ponían gran miedo;

y a grandes voces decía:

– Morirás, el rey don Pedro,

que mataste sin justicia

los mejores de tu reino:

mataste tu propio hermano,

el Maestre sin consejo,

y desterraste a tu madre,

a Dios darás cuenta de ello.

Tienes presa a doña Blanca,

enojaste a Dios por ello,

que si tornas a quererla

darte ha Dios un heredero,

y si no, por cierto sepas

te vendrá desmán por ello;

serán malas las tus hijas

por tu culpa mal gobierno,

y tu hermano don Enrique

te habrá de heredar el reino;

morirás a puñaladas,

tu casa será el infierno.

Todo esto recontado,

desapareció el bulto negro.

Romance de don Tristán


Herido está don Tristán

de una muy mala lanzada;

diérasela el rey, su tío,

con una lanza herbolada.

El hierro tiene en el cuerpo,

de fuera le tiembla es asta.

Tan malo está don Tristán

que a Dios quiere dar el alma

Valo a ver la reina Iseo

la su linda enamorada,

cubierta de paño negro

que de luto se llamaba.

Viéndole tan mal parado,

dice así la trista dama:

-Quin os hirió, don Tristán

heridas tenga de rabias,

y que no halle maestro

que sopiese sanarlas.

Tanto están de boca en boca

como una misa rezada;

llora el uno, llora el otro,

toda la cama se baña;

el que de ellos sale

una azucena regaba;

toda mujer que la bebe

luego se siente preñada.

Así hice yo, mezquina,

por la mi ventura mala.

(Romancero viejo)

Romance del conde Alemán


A tan alta va la luna

como el sol a mediodía,

cuando el buen conde Alemán

con esa dama dormía.

No lo sabe hombre nacido

de cuantos en la corte había,

si no solo era la infanta,

aquesa infanta su hija.

Así su madre le hablaba,

desta manera decía:

-Cuanto viéredes tú, infanta,

cuanto vierdes, encobridlo;

daros ha el conde Alemán

un manto de oro fino,

-¡Mal fuego queme, madre,

ese manto de oro fino,

cuando en vida de mi padre

tuviese padrastro vivo!

De allí se fuera llorando;

el rey su padre la ha visto:

-¿Por qué lloráis, la infanta?

decid ¿quién llorar os hizo?

-Yo me estaba aquí comiendo,

comiendo sopas en vino,

entró el conde Alemán,

y echólas por el vestido.

-Calléis, mi hija, calléis,

no toméis de eso pesar,

que el conde es niño y muchacho,

hacerlo ha por burlar.

-¡Mal fuego quemase, padre,

tal reir y tal burlar!

Cuando me tomó en sus brazos,

conmigo quiso holgar.

-Si él os tomó en sus brazos

y con vos quiso holgar,

en antes que el sol salga

yo lo mandaré matar.